El humo arruina también tu piel

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Seguramente no sepas que el hábito del tabaco disminuye la nutrición y oxigenación en la piel de las fumadoras, provocando su envejecimiento prematuro. Pero también afecta a las personas del entorno que pueden convertirse en envejecedoras pasivas.

En el tabaco hay tres tóxicos protagonistas que se unen para contraer los vasos sanguíneos de la piel, impidiendo que tanto los nutrientes como el oxígeno lleguen a ella en la cantidad necesaria.

La nicotina que además, provoca una constricción de los vasos sanguíneos que dura de 80 a 90 minutos. Esto quiere decir que si fumamos un paquete al día, la piel permanece toda la jornada con falta de oxigeno.

Por otra parte el monóxido de carbono se une a la hemoglobina desplazando al oxígeno, y el cianuro inhibe el transporte de oxígeno a las células y entonces la piel se ahoga.

Una de las consecuencias de esta pobre oxigenación es que la piel pierde transparencia y luminosidad. Las toxinas se acumulan dando al cutis un tono más oscuro o amarillento. Además, la disminución de los nutrientes que llegan a las células a causa de la ralentización del riego sanguíneo produce un aspecto marchito. El rostro aparece envejecido y con aspecto triste.

Por otro lado hay otro efecto causante del humo del tabaco, provoca la formación de los agresivos radicales libres, tanto al contacto directo del humo con la piel como al ser aspirado por los pulmones. El estrés oxidativo que esto acarrea altera la película hidrolipídica que defiende el cutis de la intemperie, quedando la piel mal protegida y, por tanto más vulnerable, seca y áspera.

Y eso sin contar que el fumar perjudica muy seriamente la salud en general. La solución, dejar de fumar.

Imagen | gaelx

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