Piel sensible y frágil

Tener la piel sensible no es que sea un problema, pero si se puede decir que es mucho más frágil que el resto de las pieles. Por lo tanto es importante prestarle más atención y cuidados y no dejar que tenga falta de lípidos e hidratación, puesto que puede derivar a sufrir de picores y tirantez llegándose incluso agrietar así como tener la piel conocida como ‘escamas’.

Una piel sensible puede ser tanto una herencia genética, como un efecto provocado por agentes externos. Y es que las frías temperaturas, el clima muy seco y cálido, la luz solar, los tejidos ásperos, incluso el estrés y las emociones fuertes, pueden provocar alteraciones en la barrera de protección natural de la piel, haciendo que esta se debilite.


Por lo tanto la primera medida a tomar en cuenta es que cuando salgas a la calle o vayas a tomar el sol, protege tu piel con productos de protección solar alta y ‘oil free’, libres de aceites. Así reducirás el riesgo de irritación y la exposición a múltiples alergias.

Una piel frágil mientras más libre de imperfecciones esté, mejor absorberá los nutrientes. Para empezar, olvídate del agua caliente y apuesta por baños templados con geles sin jabón o jabones líquidos ricos en lípidos.

A la hora de depilarte, al tener una piel muy sensible, evita la cera y las cremas ya que irritan la dermis, utiliza un tipo de depilación que no dañe la piel como puede ser las maquinillas para pieles sensibles.

La hidratación constante es básica. Por lo tanto no dejes de aplicarte una crema hidratante nutritiva para pieles sensibles tanto por la mañana como por la noche para que la piel esté siempre protegida.

En el hogar es importante mantener un ambiente con niveles de humedad elevados, para ello coloca recipientes de agua, cierra puertas y ventanas en las horas más puntas de calor y pulveriza con agua el ambiente.

Imagen |  peretzpup

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