‘Berberian Sound Studio’, un fascinante ejercicio de estilo entre David Lynch e Iván Zulueta

Toby Jones encarna en la película de Peter Strickland a un apocado técnico de sonido que se ve inmerso en las mezclas de una película de terror italiano. La cinta forma parte de la Sección Atlas del Atlántida Film Fest.

Imagen de Berberian Sound Studio

La segunda película del británico Peter Strickland es uno de esos largometrajes donde el espectador se introduce en un universo de pesadilla. El realizador logra crear una atmósfera enrarecida que captura a todo el que lo ve.

El filme sigue los pasos de un apocado técnico de sonido británico que acude a un estudio italiano para ofrecer sus servicios a un director del país. Sin embargo, allí se encuentra que la cinta en la que tiene que trabajar no es un documental sobre animales, sino una película de terror de bajo presupuesto tan habituales en la época en la que trascurre ‘Berberian Sound Studio’, los años setenta del siglo XX. Acosado por los responsables de la producción, unos verdaderos negreros, el protagonista empezará a confundir la realidad con la ficción.

Con este argumento, Strickland nos ofrece una película de clima casi irrespirable. Curiosamente, la cinta que tiene que doblar el apocado técnico de sonido aparece en escasas ocasiones. Sólo oímos los diálogos, somos participes de la creación artesanal de muchos de los efectos del largometraje y vemos los títulos de crédito.

No obstante, lo que oímos nos permite hacernos una idea de un filme que no interesa tanto como la reacción que la experiencia provoca en un ser  sensible al que da vida un magistral Toby Jones. El sentimiento de auténtico desamparo de un hombre en un país extranjero donde se le trata de una manera poco amable y  lejos de su adorada madre convierten la experiencia de este pobre tipo en una pesadilla más insoportable que la película en la que trabaja.

Con una fotografía que imita las tonalidades de ciertas obras del denominado giallo, una utilización magistral de fuera de campo y un no menos excelente uso del sonido, ‘Berberian Sound Studio’ es una experiencia cercana a un mal sueño que asemeja el largometraje de Strickland a los mejores trabajos de David Lynch o a la celebrada ‘Arrebato’ del español Iván Zulueta.

De paso, homenajea a  un subgénero venerado por algunos realizadores y críticos actuales que han convertido a sus directores en casi maestros del cine. Strickland, no obstante, lanza una mirada nada nostálgica a todas aquellas películas. Al fin y al cabo, nos recuerda que la mayoría de ellas estaban rodadas con pocos medios, a destajo y con la única intención de atraer a un público sediento de sangre y sexo. El británico tampoco olvida reírse de algunos de esos directores que se creían verdaderos autores, aunque eran simples artesanos al servicio de productos de consumo rápido.

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