Borat: ácida, escatológica y polémica

Borat y su bella sonrisaEn la vida hay que reirse de todo: sólo hay que saber cuándo hacerlo. Es por eso que el humor negro es el más difícil de manejar. La situación debe ser la adecuada, la ofensa no debe ser tomada en serio y se requiere inteligencia para aceptar el chiste (si es bueno, claro). Por eso está triunfando Borat. Porque es una despiadada comedia donde no se deja títere con cabeza y donde no se salva ni Cristo. Y porque te ríes de cosas que en la vida real te producen desánimo o compasión. Sí, te ríes, aunque te sientas culpable. Borat hace saltar los resortes de ese demonio que llevamos dentro, ese duende maligno que te anima a carcajearte de la señora que se ha caído en mitad del paso de cebra o a soltar un chiste machista en una convención de mujeres libertarias.

Claro que si Borat se limitase a gags facilones estaríamos hablando de algo parecido a American Pie (otra gran película, dicho sea de paso). Y no. Porque lo que nos repugna no es ver un ’69’ protagonizado por un peludo kazajo y un viejo de 120 kilos, sino las reacciones de la gente ante las preguntas pretendidamente ingenuas de Sacha Baron Cohen (ficticias, of course… pero basadas en la vida real, no hay más que ver el telediario). Borat ridiculiza religiones, convencionalismos, opiniones políticamente correctas. Y son los mismos objetivos de Borat quienes se ponen en evidencia.

Lo que está claro es que os encantará… o bien os repugnará.

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