Charlot volvió a casa por Navidad

Es el momento de ver ESA película, de escuchar ESA canción, buceemos de forma sosegada en nuestros baúles digitales descubriendo tesoros escondidos y posiblemente olvidados, dejemos reposar las sensaciones

El arrebato consumista del que ha hecho gala todo el mundo en plena crisis mundial ha dejado, en mi caso particular, alguna que otra obra maestra en forma de DVD que engorde aún más mi filmoteca. El último regalo que me he hecho ha sido una colección de 13 discos que aglutinan en 1100 minutos lo más conocido de la obra corta (que no corta obra) del inolvidable Chaplin/Charlot. Revisando los títulos de los cortometrajes me doy cuenta de que he visto muchos de ellos, pero tengo que bucear en la memoria de mi infancia para localizar esos momentos.

En los tiempos remotos en los que ni siquiera existía eso que llamamos vídeo no era extraño poder disfrutar de obras mudas en la televisión. Supongo que la emisión de tan exquisita oferta respondía más a lo barato que resultaba su programación que a un afán por parte de la TV pública de culturizar a sus clientes. Da igual, gracias a la pequeña pantalla descubrí en sendos ciclos a Buster Keaton, Harold Lloyd, o el mencionado Charles Chaplin.


En pleno siglo XXI, en la era de la información globalizada, donde tenemos cualquier parte del mundo a la distancia de un clic y decenas de canales de televisión digital nos permiten realizar la programación a la carta, salvo contadísimas excepciones, la presencia de joyas de la cinematografía mundial como las antes mencionadas brilla por su ausencia. Y es que estos son tiempos de saturación, de cultura de garrafón, de lo tengo todo pero no entiendo nada. El arte y la cultura entran por nuestros sentidos a borbotones para enseguida desaparecer y dejar paso y espacio a la siguiente oleada. Todo un cúmulo de estímulos que no deja poso. No me entiendan mal, estamos viviendo una serie de progresos alucinantes, sólo reivindico que no sean mera alucinación. Todos (sí, me incluyo) acumulamos absurdamente cientos de películas y miles de canciones que no vemos ni escuchamos, que nos contentamos con almacenar. Pisemos por un momento el freno, cerremos por un tiempo el emule, detengámonos para observar tranquilamente qué es lo que ocurre a nuestro alrededor (que maravillosa y a la vez aterradora metáfora es ‘Wall-E‘) y empecemos a aprovechar sabiamente los recursos que tenemos a nuestra disposición. Es el momento de ver ESA película, de escuchar ESA canción, buceemos de forma sosegada en nuestros baúles digitales descubriendo tesoros escondidos y posiblemente olvidados, dejemos reposar las sensaciones.

Escribo esto mientras Europa se ve asolada por una ola de frío, los telediarios escupen nieve y salir a la calle es perder rápidamente la sensibilidad en las extremidades. Vuelve a mí la imagen de un raído Charlot, esta vez en ‘La quimera del oro’, con su mirada suplicante al borde de la congelación. Creo que esta tarde va a ser una tarde de café, brasero y sesión de cine mudo, entro en calor de sólo pensarlo.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...