Crítica: Air Doll

Crítica: Air Doll

Título: Air Doll
Título original: Kûki ningyô
Director: Hirokazu Kore-eda
Género: drama
Duración: 100 minutos
Intérpretes: Bae Du-na, Arata Furuta
Air Doll, tráiler español
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Maravilloso cuento sobre la soledad, el paso del tiempo y la vida.

Hirokazu Kore-eda es uno de los humanistas del cine actual. Películas como ‘Nadie Sabe’, ‘Hana’ o ‘Still Walking’ son una muestra de la preocupación del cineasta por radiografiar la existencia humana, con sus alegrías y sin sabores, sin recurrir nunca al subrayado. En Air Doll vuelve a hablarnos de las grandes cosas de la vida de una manera cotidiana y sumamente poética, aunque esta vez la historia que nos cuenta el realizador proceda de un manga y tenga cierto tono fantástico, un elemento muy presente en otra cinta fundamental de director: ‘After life’.

Basada en el cómic ‘La figura neumática de una chica’, obra de Yoshiie Gouda, Air Doll sigue las peripecias de una muñeca hinchable que un día despierta a la vida. Mientras su dueño, un solitario japonés de mediana edad, trabaja, ella recorre la ciudad descubriendo la vida de los humanos. En una de sus visitas, la joven conocerá a un algo solitario joven, dependiente en un videoclub. Algo parecido al amor surgirá entre ambos cuando la muñeca entre a trabajar en el establecimiento. Poco a poco, la criatura irá descubriendo las cosas alegres y tristes de la vida a través de una serie de personajes que no pasan precisamente por sus mejores momentos.

Kore-eda utiliza la figura de la muñeca para hablarnos de una existencia humana que, junto a sentimientos positivos como la alegría y el amor, también está plagada de miedos, soledad o muerte. Esa extraña maniquí que pasea por las calles sorprendida ante todo y ante todos es una especie de extraño extraterrestre: mira todo con extraña fascinación, aunque pronto descubrirá que no siempre las cosas son tan bonitas como las pintan. Por otra parte, y pese a descubrir que la vida conlleva dolor y tristeza, la muñeca parece dispuesta a integrarse en los humanos para demostrar que tiene sentimientos. No obstante, como la mayoría de los humanos, ella también intentará no sentirse sola.

El cineasta japonés rueda todo de una manera calmada e hipnótica. Los ojos de la muñeca se convierten en casi los  del espectador en una película que discurre apacible. La excelente labor de todos los actores, que hacen de la contención todo un arte, ayuda a introducirnos en una largometraje fascinante que va calando poco a poco, como la mayoría de las películas del maestro Kore-eda. Quizá sólo un final excesivamente sórdido y alargado quite algún mérito a esta rara joya de la cartelera actual. No se la pierdan.

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