Crítica: ‘Aprendiz de gigoló’

Woody Allen colabora como actor para John Turturro en esta comedia, en la que el autor realiza una defensa de la liberación del deseo frente a la rigidez de la religión.

Fading gigoló

Si entendemos la infatigable carrera de Woody Allen como un gesto egoísta, una forma de creación liberadora pero también de organización temporal ineludible para su supervivencia, de la que unilateralmente nos beneficiamos los que disfrutamos de su cine cada año, debemos considerar que su colaboración como intérprete en esta Aprendiz de gigoló, como lo fue anteriormente la que realizó en ‘Cachitos picantes’, representa otro tipo de gesto más desinteresado, de amistad y respeto al que le pide ayuda. En esta ocasión el que disfruta de esta faceta de Allen como cómico, nunca lo suficientemente reivindicada, es otro insaciable del cine, John Turturro, que firma aquí su quinto largometraje, que también protagoniza.

Se ha querido ver cierta herencia de la obra de Allen en Aprendiz de gigoló, más allá de su presencia, y es cierto que encontramos algunos elementos reconocibles, como esas piezas de jazz que puntúan las transiciones y un planteamiento de realización desprovisto de virguerías, además de la pasión compartida por las faunas y los paisajes de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, a medida que avanza el metraje, comprobamos que el discípulo necesita hacer algo más que repetir los patrones del maestro para estar a su nivel, incluso al de esas obras de los últimos quince años que tantas veces han sido criticadas.

Dejando de lado complicidades y referencias, Aprendiz de gigoló es una película con su propia personalidad. Turturro divide el metraje de forma extraña, centrándose al inicio en el cómico punto de partida, según el cual el librero retirado Murray se convierte en chulo de su amigo Fioravante, florista sensible con una nueva e insospechada profesión de la noche a la mañana. Con posterioridad, una vez aparece Avigal, judía ortodoxa y viuda a la que encarna Vanessa Paradis, y empieza a interesarse por el protagonista, Turturro se olvida del humor en beneficio del melodrama romántico, provocando a partir de esa peculiar organización temporal de la narración un desajuste en la película que no termina de solucionar en el desenlace, pese a que de alguna forma logra darle un sentido conjunto a las dos tramas.

Desarrolla Turturro un discurso sobre el sexo, defendiendo la naturalidad del deseo, la liberación y la experimentación frente a los postulados rancios de ciertas formas religiosas capaces de borrar las sonrisas de los rostros, incluso las más bonitas. El juicio a Murray de la tropa judía es de lo más curioso que nos deja el film, aunque sea por permitirnos conocer algo más de una cultura. Por eso y por algunos apuntes inspirados (Allen con una tropa de hijos afroamericanos, Sharon Stone como la insatisfecha mujer de un alpinista), no vamos a dejar de considerar fallida a Aprendiz de gigoló, que nos deja demasiado poco que recordar.

Titulo: Aprendiz de gigoló
Título original: Fading gigoló
Director: John Turturro
Duración: 90 minutos
Género: Comedia
Fecha de estreno: 30 de abril
Intérpretes: John Turturro, Woody Allen, Vanessa Paradis, Sofía Vergara, Sharon Stone, Liev Schreiber.
Tráiler: ‘Fading gigoló’
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆

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