Crítica: Avatar

Avatar, crítica

Título: Avatar
Director: James Cameron
Género: aventuras, ciencia ficción
Fecha de estreno en España: 18 de diciembre
Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldana, Stephen Lang, Michelle Rodriguez
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¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Verdadero virtuosismo hecho cine.

El tan anunciado y ansiado de James Cameron llega a las pantallas. La estrella es el director: tras años desarrollando la tecnología necesaria, Avatar viene avalada por la promesa de ser el siguiente paso de gigante a nivel tecnológico en la industria del cine. Objetivo conseguido. Pero ¿hay algo más?.

Pues sí, como se pueden imaginar. Cameron no se deja llevar por sus propios fuegos artificiales, y al igual que en Titanic, consigue que el espectáculo de efectos especiales dé la impresión de estar puesto al servicio de la historia, por muy poco novedosa que ésta sea. Por Avatar caminan mil y una referencia: que si Pocahontas, Star Wars, Matrix, los anteriores films de Cameron -y todo el bagaje previo de éstas, que no es poco-… Esto es cierto, y quien quiera cargarse Avatar en este sentido probablemente no tenga problema. Pero la verdad es que el film funciona. Te atrapa y no te suelta hasta el final, y sin recurrir a argucias habituales en este tipo de productos, es decir, epatar al personal con batallas épicas, escenas de acción inimaginables y explosiones colosales.

Cameron dice y repite que lo importante está en los ojos de sus actores, y no sólo está en lo cierto, sino que se ha aplicado su propia regla al cien por cien. Para ver la anunciadísima batalla hay que esperar al final de Avatar, pero que el público ansioso de emociones no se espante. Por el camino les espera un viaje de descubrimiento personal y colectivo, una bonita y poco babosa historia de amor, y una ración de cine de bandera. Y cuando la acción se presenta, es espectacular. Además, Cameron no limita el uso del 3D a las escenas de aventuras: su aprovechamiento es casi total a lo largo y ancho de todo el film.

Porque lo mejor de Avatar es lo bien que Cameron mueve la cámara (para contar la historia, no solo para epatarnos), seducirnos con humor, golpearnos con… pues eso, golpes de efecto, y sobre todo, maravillarnos con la creación de un mundo nuevo que huye de las coordenadas del mundo videojueguil para entretener al espectador. Todo eso es sólo el barniz de Avatar, o mejor dicho, su trasfondo.

Lo que de verdad importa es la aplastante lógica, verosimilitud y cariño volcad en la creación del planeta Pandora, que nos obliga a comprar su mensaje ecologista, a creernos a sus habitantes, y a querer pasar más tiempo con ellos. Existe en Avatar una extraordinaria sensibilidad para crear todo un cosmos con unas relaciones entre lo divino y lo humano no sólo verosímiles, sino conmovedoras. La acción, la aventura, el humor, nacen de ahí: como dirían en Jerry Maguire, Jim Cameron nos tenía atrapados en realidad desde el principio. Los extraordinarios CGI -hay que decirlo: perfectos- son sólo la superficie de lo que Avatar ofrece.

El hablar de los fallos del film, que los tiene, es como tirar chinas a un elefante. Poco importan la relativa simpleza de sus personajes cuando están tan bien interpretados (muy bien Sam Worthington y Zoe Saldana, impecable ese fenómeno que es Stephen Lang), o que de vez en cuando dé la impresión de que todo esto ya lo hemos visto antes.

Y eso es lo que es Avatar: una bonita y épica película de aventuras, un film de ciencia ficción sólido, y un simple pero extraordinario entretenimiento. Dudo que Cameron tenga dudas al respecto, pero estos meses puede sentirse con comodidad el rey del mundo. Se lo merece.

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