Crítica: Balada triste de trompeta

Balada triste de trompeta

Título: Balada triste de trompeta
Director: Álex de la Iglesia
Género: comedia (¿?)
Duración: 110 minutos
Fecha de estreno: 17 de diciembre
Intérpretes: Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang
Balada triste de Trompeta, teaser trailer
Balada triste de trompeta, trailer final
Álex de la Iglesia gana los premios al mejor guión y dirección en Venecia
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Excesiva, paranoica, apresurada, delirante… auténtica

Después de esa intrusa titulada Los crímenes de Oxford, en la que Álex de la Iglesia no pudo articular su locura irreverente ni pulir su propio artificio –y lo peor, tampoco crear un suspense como mandan los cánones-, el cineasta vasco regresa a sus orígenes, es decir, a la relectura en clave pop de la identidad ibérica en un espectáculo desenfrenado, brutal, histérico y no apto para mentes reposadas.

Balada triste de trompeta es muchas cosas, tantas, que de vez en cuando el asunto amenaza con patinar debido a la velocidad de órdago con la que De la Iglesia acumula, más que sigue, los acontecimientos. Un verdadero trallazo de dolor y rabia encapsulada y disfrazada de comedia loca; una montaña rusa de risas nerviosas, sonrisas heladas y golpes de efecto que oscilan entre el gore salpicón y la acción de garrafón, servidas con el habitual talento visual por su director.

Pero los enormes fuegos de artificio no ocultan un drama desolador que radiografía el ADN de un país, España, donde todos somos payasos condenados a no querer entendernos. De la Iglesia sostiene su tesis política y sociológica de una forma fascinantemente neutra, sin escorarse ni a la derecha ni a la izquierda, como si de un espectador de circo se tratase. Demuestra ser un cineasta con una simbología propia y una capacidad de plasmarla a un nivel similar al de la pura acción y las referencias al cine de género y de autor.

Una lástima que una serie de elementos empañen el cuadro y lo alejen de la sobrevalorada perfección. Y es que tanta ira y velocidad -o quizá algún brusco golpe de tijera en la sala de montaje- ocultan las motivaciones y sentimientos de los personajes,  por momentos peligrosamente desdibujados. La narración se vuelve entonces confusa y apresurada, tanto que en diversas ocasiones perdemos el hilo y nos percatamos de que hubiera hecho falta apretarle las tuercas al  guion. Pero, de todas formas, captamos las intenciones de la balada, las apreciamos y aplaudimos.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...