Crítica: Déjame entrar

Déjame entrar

Título original: Låt den rätte komma in (Let The Right One In)
Director: Tomas Alfredson
Género: terror
Duración: 114 minutos
Intérpretes: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl
Fecha de estreno en España: 17 de abril
Déjame entrar: traíler y póster español
¿Debo ir a verla? ★★★★★ De visión obligatoria para todo cinéfilo que se precie de serlo.

Bienvenidos a una de las mejores películas que podrán ver en las carteleras españolas durante este 2009. Aunque parezca que forma parte de esa fiebre vampírica que ha dado lugar a sagas como Underworld o Crepúsculo, Déjame entrar es más que un filme de chupasangres al uso.

A diferencia de la mayoría de productos creados para consumo adolescente, la película de Tomas Alfredson huye de cualquier efectismo barato. Como la nieve que cae a lo largo del metraje, esta pequeña joya va cuajando poco a poco, capa sobre capa. No hay aquí excesivos efectos especiales ni demasiada sangre. Tampoco hay posturitas de revista de modas o look de videoclip.

Sin prisa, este filme sueco nos cuenta la historia de Oskar (Kåre Hedebrant), un chico de doce años que sufre el acoso de sus compañeros de clase. En soledad, el chaval fantasea con dar su merecido a aquellos que hacen que su vida sea un tormento diario. Para colmo de males, su madre, una mujer separada, no parece comprenderle. Sin embargo, y contra todo pronóstico, su suerte cambiará cuando entable amistad con Eli (Lina Leandersson), una extraña vecina  que acaba de llegar a su bloque de edificios. Poco a poco, Oskar descubrirá que la joven es un vampiro. Al mismo tiempo, la vida del chico empezará a cambiar radicalmente.

Déjame entrar

Con este sencillo argumento, el realizador Tomas Alfredson y John Ajvide Lindqvist, guionista del filme y autor de la novela en la que se basa la película, construyen una cinta que es un canto a la sugerencia en un mundo cinematográfico actual lleno de obviedades y subrayados inútiles.

En este reino de la sugerencia en el que nos sumerge la cinta, hay que destacar un elemento casi olvidado por el cine de hoy: el denominado fuera de campo. Consecuente con la idea de que es mejor insinuar que mostrar, Alfredson nos escatima información e imágenes. Eso provoca que el espectador imagine lo que puede estar sucediendo más allá de lo que observa en pantalla. Digamos que, por utilizar un símil, Déjame entrar dejaría a un lado el exhibicionismo de la pornografía para abrazar la sutilidad del erotismo. En este sentido es especialmente magistral la utilización del fuera de campo en uno de los momentos cumbre de la película: cuando uno de los protagonistas se encarga de ajustar cuentas con los enemigos de Oskar.

Déjame entrar

Dejando de un lado los elementos estrictamente cinematográficos, y centrándonos en el apartado más humano del filme, Déjame entrar consigue reflejar perfectamente el terrible sentimiento de saberse diferente y la grata experiencia que supone encontrar a alguien que te comprenda. Todo ello sin recurrir a discursos explicativos y diálogos de más. Alfredson, que en más de una ocasión parece desaparecer como director, deja divismos de cineasta exhibicionista para centrarse en dar verosimilitud a lo que está contando.  No hay, por tanto, planos que llamen especialmente la atención ni movimientos de cámara más allá de los necesarios. Por el contrario, y a diferencia de muchos realizadores actuales, Alfredson se revela como un magistral director de actores. El ejemplo más claro lo tenemos en las interpretaciones de los dos protagonistas. Kåre Hedebrant borda su papel de chaval apocado, mientras que Lina Leandersson logra con su espléndida actuación al reflejar la terrible dicotomía de un personaje que es joven por fuera, aunque viejo por dentro. Su arma para conseguir impactar al espectador es algo muy simple y muy complicado a la vez: una penetrante  mirada.

Déjame entrar


Aunque podría seguir hablando durante mucho tiempo sobre esta obra maestra, creo que lo mejor que puedo hacer es recomendarles que vayan a verla. Hagan un hueco en su menú de blockbusters para saborear una muestra de gran cine. No lo lamentarán.

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