Crítica: ‘Dos tontos todavía más tontos’

La tardía secuela de la comedia de los noventa repite todas las características del original, porque para Harry y Lloyd los años sí pasan en balde.

dos tontos

Escribo estas líneas poco después de darse a conocer el excelente resultado en la taquilla en EEUU (es decir, el que parece importar) de ‘Dos tontos todavía más tontos’, secuela tardía de la original que dio a conocer a Jim Carrey y los Farrelly hace veinte años, y de la cual existían serias dudas sobre la necesidad de su existencia. Los más de 38 millones de dólares recaudados en su mercado doméstico, de los que se hablará más extensamente y mejor en el post de taquilla de esta misma página, demuestran lo bien que Universal ha sabido vender un producto que pese a estar enfrentado a dos títulos tan fuertes como ‘Interstellar’ y ‘Big Hero 6’ ha logrado llevar al cine a una notable legión de treintañeros (que hubieran sido insuficientes, de todas formas, para auparla al primer puesto de la taquilla) y de nuevos jóvenes interesados en la comedia gamberra.

Y lo han hecho repitiendo virtualmente las virtudes y defectos de la película original, como aquella una “road movie” que sustituye su motivación romántica por una más familiar que, para el caso, viene a ser lo mismo. Porque para los dos tontos Harry y Lloyd (Jim Carrey y Jeff Daniels, espléndidamente compenetrados) los años han pasado en balde, y de hecho siguen igual de estúpidos que en la primera ocasión. Los Farrelly ignoran la oportunidad de mejorar o evolucionar su idea desde entonces porque Harry y Lloyd son así, inmutables y perpetuamente lerdos, y se ponen a la altura de sus dos queridos personajes rodando no una continuación, reinterpretación o remake de la original, sino una repetición un tanto ampliada a la que se la bufa, con perdón, las recientes metamorfosis del concepto secuela.

Y en el fondo, ése precisamente es su acierto: su coherencia interna y su falta de pretensiones, así como su habilidad para hilvanar chistes que oscilan entre lo fallido y lo brillante, cuya media alcanza la corrección dentro de su deliberada indignidad. ‘Dos tontos todavía más tontos’, pese a alguna bajada de calidad puntual, supone casi dos horas de risas bastas y gags escatológicos e infantiles bastante animados, una celebración de la estupidez que sin embargo no me resulta en sí misma estúpida. Y es que el fondo del corazón y el cerebro de los Farrelly está con estos dos rezagados sociales redención alguna, en una actitud que al menos han logrado traerse de los títulos de culto que les dieron la fama y que delata un punto de vista mucho más firme que su estilo visual, igual de poco interesante que siempre.

El defecto de la película de los Farrelly es ese, así como una excesiva duración de 110 minutos, algo que demuestra la incapacidad de los hermanos para contar una historia al margen de sus gags con incapacitados, ancianos y lerdos mentales que tan bien se les dan. A todos ellos, sin embargo, parecen dedicarles la película con cariño e incorrección política, y sólo por eso ‘Dos tontos todavía más tontos’ se lleva nuestro cariño.

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