Crítica: Restless

Título: Restless 
Director: Gus Van Sant
Género: drama romántico
Reparto: Mia Wasikowska, Henry Hooper, Ryo Kase, Schuyler Fisk
Duración: 95 minutos
Fecha de estreno: 2 de diciembre
Restless, tráiler de un drama romántico de Gus Van Sant
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Fallido drama sobre el amor y muerte.

Gus Van Sant sigue obsesionado con retratar a la juventud de nuestros días. A este respecto, resulta curioso que Restless, un encargo realizado a instancias de la actriz y productora Bryce Dallas Howard, no esté tan alejada de películas  teóricamente mas personales como la popular trilogía de la Muerte (‘Gerry’, ‘Elephant’, ‘Last Days’).

El realizador norteamericano demuestra en todas ellas una especial atracción por someter a sus personajes de corta edad ante la difícil prueba del fin de su propia existencia. Enoch y Annabel, los protagonistas de Restless, no son una excepción. Él es un chaval huérfano que acude regularmente a funerales de auténticos desconocidos, mientras ella parece asumir en cierta manera su destino: es una enferma terminal de cáncer.

Curiosamente,  el fortalecimiento de su relación les mostrará la grandeza de la vida y el amor frente a la muerte. Enoch llegará incluso a pedir al médico de Annabel que haga lo imposible por curar a su pareja. El noviazgo tendrá, además, un peculiar testigo: el fantasma de un joven soldado japonés de la II Guerra Mundial que sacrificó su vida por el bien de su país.

Con este argumento, Van Sant nos ofrece una película sensible que, sin embargo, hace aguas  a causa de un guion que apunta buenas ideas, aunque no las termine de concretar de manera adecuada. El elemento fantástico representado por el piloto kamikaze resulta un tanto artificial y pretencioso, mientras que los extraños juegos que establecen los adolescentes acaban siendo un tanto forzados.

No obstante, Van Sant consigue salvar en cierta medida el largometraje gracias a su buena dirección de sus actores principales, unos adecuados Mia Wasikowska y Henry Hooper, y a una puesta en escena que huye del academicismo más estéril, aunque muchas veces caiga en cierta estética videoclipera, como en el montaje donde acompaña las peripecias del la parejita con el tema  ‘Je ne veus pas travallier’ de Pink Martini.

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