Crítica: Revolutionary Road

Imagen de Revolutionary Road

Título original: Revolutionary Road
Director: Sam Mendes
Género: drama
Duración: 119 minutos
Intérpretes: Leonardo Di Caprio, Kate Winslet, Michael Shannon, Kathy Bates, David Harbour, Kathryn Hahn
Trailer: Revolutionary Road
¿Debo ir a verla? ★★★★½ Intensísimo drama, filmado con maestría por Sam Mendes y magníficamente interpretado por todo su elenco

Reconozco que American Beauty me parece uno de los mejores films de debut que he visto nunca. Después su director Sam Mendes perdió en parte un pulso narrativo que ahora recupera completamente en su regreso a los suburbios con Revolutionary Road. La película deja entrever cualidades de un gran director. Destacan su gusto por el encuadre durante casi todo el metraje, la excelente utilización de la música (especialmente de la que no ha compuesto el reiterativo Thomas Newman) y la magistral dirección de actores, que le viene regalada por su previa carrera teatral. En la perfecta elección y utilización de los secundarios, que son importantes en este caso porque dotan de una profunda significación al relato, se nota la mano de un gran cineasta.

La doble irrupción del gran descubrimiento Michael Shannon (nominado al Oscar por su papel) es de una intensidad apabullante. Pero no hay que desmerecer tampoco la labor de Kathryn Hahn, David Harbour y el resto del reparto. Aunque el elevado peso de la película lo sostienen principalmente los dos protagonistas, Kate Winslet y Leonardo Di Caprio. La actriz británica encarna con poderío desde el principio a la existencialista April, en una nueva explosión de su talento (perdí la cuenta de cuántas lleva). Di Caprio, por su parte, deja aquí por fin de ser “el chico” de siempre. Su interpretación es especialmente meritoria porque parte en muchos momentos de la contención y termina en el estallido, confirmándolo como uno de los más dotados intérpretes de su generación.

A la magnífica labor del director y los actores hay que sumar la extraordinaria fotografía de Roger Deakins, un profesional que vive últimamente en racha (ha filmado No es país para viejos, En el valle de Elah o El lector, por la que opta este año al Oscar). Además, se ha hecho un excelente trabajo en el diseño de producción y en el vestuario (que queda demostrado por ejemplo en la escena en que el protagonista va a trabajar, rodeado por multitud de hombres, y filmada con gran estilo por Mendes).

Sin embargo, Revolutionary Road ni es fácil ni lo tiene fácil, especialmente con el público que acude a verla con el potente recuerdo de Titanic. El drama es de una intensidad muy poco propia de estos tiempos. El film es prácticamente una sucesión de discusiones matrimoniales desde el primer momento y hasta el final. Además, la tragedia de los personajes es aplicable a la mayoría de nosotros, y eso incomoda a una audiencia que se ríe para distanciarse en los momentos de mayor dureza. Mendes además no hace concesiones ni subrayados. La película es lo que se ve y tiene voluntad de verdad universal.

Revolutionary Road recuerda al melodrama de Douglas Sirk, también al cine de perdedores de Robert Rossen. Es una crítica frontal a la institución del matrimonio en particular (ese plano final) y a la vida occidental en general. El relato se afana en mostrarnos la falta de felicidad que provocan las cosas que supuestamente importan. En el bosque es en el único sitio donde los sueños de los personajes parecen encontrar sentido, es allí también donde termina la más cruenta de las discusiones. El loco es el único que habla con verdadera cordura. Honestamente, de lo mejor que han visto estos ojos en mucho tiempo.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...