Crítica: Superagente 86

Poster de Superagente 86

Título original: Get Smart
Director: Peter Segal
Género: comedia, acción
Duración: 110 minutos
Intérpretes: Steve Carell, Anne Hathaway, Dwayne Johnson, Alan Arkin, Terence Stamp
Estreno en España: 23 de julio
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Si me permiten tratar de ser algo parcial, todavía conservo recuerdos de la serie original de Mel Brooks emitida por las noches por televisión española hace un par de décadas. Y de la misma manera, confieso mi admiración por Steve Carell, una filia que de momento sobrevive por encima de muchos de los productos que ha protagonizado (Sigo como Dios). De modo que mi predisposición a ver esta correcta comedia de acción era superior a la recomendable. Es por todo ello que Superagente 86 de película me pareció un entretenido y olvidable divertimento, que no chirría pese a su falta de originalidad, pero que en ningún momento naufraga en los abismos de la decepción.

El film funciona gracias a su notable reparto. La interpretación de Carell como Maxwell Smart aporta toda la vida y humanidad necesarias al personaje del inexperto espía, algunas veces torpe, nunca estúpido. Anne Hathaway sigue resultando algo antipática a pesar de su indudable profesionalidad y belleza, pero logra momentos de química con su compañero de reparto. Y Dwayne Johnson demuestra que sabe situarse en la relativa sombra en un producto confeccionado a la medida de otro.

De modo que el simpático film de Peter Segal, realizador abonado a la comedia boba, no aburre casi nunca. Recorre, como era de esperar, los lugares comunes de la serie permitiendo la nostalgia en determinados momentos, y acierta con ciertas escenas cómicas: ahí está el genial instante en los urinarios rusos, o el gag del baño en el avión, para demostrar el encanto de su protagonista. Carell se apunta el tanto de la comicidad inexpresiva, demuestra que la promesa de la serie The Office nunca fue falsa, y consigue a base de simpatía ganarse al público y hacer suyo el personaje desde el comienzo, como ya logró en Virgen a los 40.

Por supuesto, no era lugar -en teoría- para refinamientos conceptuales (de nuevo el tema del doble espía y los atentados de por medio) y todo navega por el mar de lo ya visto, pero el film ofrece risas, personajes simpáticos (interpretados sin desgana) y un razonable y rutinario espectáculo para todos los públicos.

De modo que todo transcurre sin complicaciones y con un razonable entusiasmo, tanto en lo que a gags visuales y físicos se refiere (la escena del baile) como en cuanto a ciertos diálogos. La acción, la comedia e incluso el romance se entremezclan bien, y pese a que Superagente 86 de película nunca se decide por optar o no por el camino de la parodia, lo cierto es que sus responsables han acabado elaborando una acertado desplazamiento de los motivos principales de las sagas de espionaje. Y sin hilar fino, han sabido hacerlo de forma divertida.

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