Crítica: Templario

Templario

Título: Templario
Título original: Ironclad
Director: Jonathan English
Género: aventuras
Duración: 120 minutos
Fecha de estreno: 22 de julio
Intépretes: James Purefoy, Brian Cox, Paul Giamatti, Kate Mara
Templario, trailer español
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Discreta y modesta, pero agradable serie B histórica.

No hagan demasiado caso del espectacular póster de arriba, nos vende una película que no existe. Es una táctica habitual en los carteles promocionales de cintas de serie B, que prometen aventuras magníficas repletas de horrores inimaginables que el bolsillo de sus esforzados productores no puede pagar. Algo de eso le pasa a Templario, una aventura histórica de lo más noble en sus intenciones, pero discreta en resultados.

Una discreción que no proviene, sin embargo, de su limitado presupuesto -bien manejado-, sino de unas ambiciones dramáticas que no se ven del todo colmadas. La cinta carece de la sorprendente mezcla de géneros y de la brutal urgencia narrativa de ‘Centurion’, el peplum británico de Neil Marshall estrenado en nuestras pantallas hace justo un año. Como aquélla, Templario está entre esos estrenos del verano que tratan de ‘colarse’  entre las grandes producciones hollywoodienses con una propuesta de género que maquilla sus limitaciones tirando de un reparto de excelsos secundarios, con menos medios y sin dobleces o dobles intenciones. Pero la cinta de Jonathan English carece de la garra de la película de Marshall, pese a su correcta optimización de medios y su recurso a la violencia extrema cuando es necesaria.

Y en parte eso ocurre por una duración excesiva que pierde el tiempo tratando de aportar un aliciente romántico que no convence, y algún que otro personaje prescindible que dilata la historia y con ello la tensión. Templario emite a veces cheques dramáticos que no puede pagar. La película quiere parecerse demasiado a los musculosos espectáculos históricos de Ridley Scott o Jerry Bruckheimer, busca la solemnidad, el romance  y la brutalidad del ‘Braveheart’ de Mel Gibson donde no lo hay, y agrava sus problemas con una ausencia total de humor e ironía que se aprecia en la descompensada interpretación de un desatado Paul Giamatti, cuyo histrionismo no encuentra eco en el resto del producto.

Pero en Templario hay aún así material y talento. English organiza la historia en torno a un asedio a un único castillo, lo que le permite explorar bien un único decorado en pantalla, una idea muy de western que haría las delicias del maestro del fantástico y la serie B John Carpenter. Como también la violencia extrema de sus funcionales batallas, resueltas con menos extras de lo debido y el habitual tembleque de cámara -heredado de Ridley Scott y ciertamente molesto-, pero con innegable habilidad y gusto por la violencia sanguinolenta. English y sus ¡quince productores ejecutivos! podrían haber aprovechado de forma más valiente otros recovecos del relato –el voto de silencio del protagonista- y no otros más convencionales, pero el resultado agrada.

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