Crítica: Up

Up, de Pixar

Título original: Up
Directores: Pete Docter, Bob Peterson
Género: animación
Duración: 100 minutos
Fecha de estreno en España: 31 de julio
Intérpretes (V.O.): Ed Asner, Christopher Plummer, Jordan Nagai
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¿Debo ir a verla? ★★★★½ Pixar no baja el listón y sigue combinando de forma inmejorable lo conmovedor con lo simpático. El resultado vuelve a rondar la obra maestra.

Como los personajes a los que dio vida Charles Chaplin en su época muda, los protagonistas de Up transmiten ese patetismo que los hace particularmente adorables. Son seres a los que la vida no ha tratado especialmente bien, y que se ven envueltos en una aventura tan delirante como constructiva. Si a eso le sumamos una animación de un virtuosismo asombroso, el resultado conecta con el espectador de una manera especial e infalible.

De entre esos personajes, Carl Friedicksen nos recuerda al reciente Walt Kowalski, al que dibujara Clint Eastwood en Gran Torino. Estamos ante un anciano que se queda viudo al principio del metraje, y que se encuentra aislado de un mundo que ya no es el mismo en el que solía moverse. Irritados ante la idea de irse al limbo de la residencia de ancianos, ambos se deciden a afrontar con entereza lo que les queda de vida, dejando por el camino su herencia en unos jóvenes con carencias emocionales, de los que terminarán convirtiéndose en una suerte de padres mentores.

Aunque la revelación de la función es el pequeño Russell, ya que en él confluyen los dos elementos que son la base principal sobre la que se sustenta la película: el humor y el drama, ni más ni menos (algo que nos recuerda también al cine de Chaplin). Sus golpes de gracia, algunos francamente memorables, colapsan frente a su dramática situación familiar, por desgracia no demasiado inusual en los tiempos que corren.

Con esos dos personajes tan bien construidos y el habitual talento de Pixar para la puesta en escena, el resultado es casi obligatoriamente memorable. Pete Docter, uno de los creadores de Monstruos S.A., repite los hallazgos que obtuviera en aquella película, alcanzado el mismo grado de intensidad tanto en los momentos más trepidantes (el recorrido de Mike y Sully por puertas alrededor del mundo; la persecución de unos perros a Carl, Russell y el pájaro Kevin) como en aquellos más puramente melancólicos (el final de Monstruos S.A., el principio de Up).

En definitiva, Up no supone en absoluto una bajada del listón para Pixar respecto a Wall-E (a la que aquí nombré como mejor estreno de 2008). La compañía vuelve a demostrar que la calidad de su cine se eleva por encima del resto de la animación norteamericana (más o menos como hace la casa del Señor Friedicksen sobre el vecindario), con una serie de secuencias magníficamente planteadas y una banda sonora de Michael Giacchino (Perdidos, Star Trek) que fluye a la perfección con las imágenes. A pesar del escaso aprovechamiento de la tecnología 3D (hasta ahora, solo Los mundos de Coraline ha desarrollado las potencialidades expresivas del nuevo formato), toca ponerse otra vez en pie y aplaudir ante la labor de Pixar. Algunas cosas nunca cambian.

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