Crítica: Vicky Cristina Barcelona

Vicky Cristina Barcelona

Título: Vicky Cristina Barcelona
Director: Woody Allen
Reparto: Rebecca Hall, Scarlett Johansson, Javier Bardem, Penélope Cruz, Patricia Clarkson, Chris Messina.
Guión: Woody Allen
Producción: Charles h. Joffe, Jaume Roures, Jack Rollins
Fotografía: Javier Aguirresarobe
País: EEUU
Año: 2008
Duración: 96 min.
Género: Comedia
Estreno en España: 19/09/08
Trailer Vicky Cristina Barcelona
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Para amantes de las comedias con buen gusto e ideal para los que tengan planeado visitar Barcelona

Cada vez me parece más fascinante la capacidad de Woody Allen para completar sus trabajos año tras año sin que ello afecte al resultado final. Si bien es verdad que a veces sus obras se resienten un poco por su puntual ritmo de trabajo, (nunca por debajo de lo aceptable) también es verdad que en la mayoría de las ocasiones nos brinda notables comedias inteligentes, y en años puntuales, alguna película que marca un punto de inflexión en su filmografía, como fue, la elogiada por critica y público, Match Point. Vicky Cristina Barcelona se engloba en las que no marcaran un punto y aparte en su obra, pero no por ello, deja de ser una comedia que se degusta con satisfacción y cuya digestión es ligera y apetecible.

No sé hasta que punto el director neoyorquino se ha visto influenciado por productores, miembros del ayuntamiento, o por el entusiasmo desproporcionado de la gente de Barcelona (y dudo mucho que fuera así), pero la verdad es que Vicky Cristina Barcelona parece, durante momentos, una postal de la ciudad condal y de Oviedo. Sobretodo en los desganados minutos iniciales en donde una voz en off, completamente prescindible, nos va guiando por los lugares más emblemáticos en que sus jóvenes protagonistas pasan sus vacaciones. Este tour turístico por la ciudad tiene su explicación en los propios personajes: dos turistas norteamericanas que veranean en Barcelona. No obstante la sensación dejada, también ayuda en ello las excelentes localizaciones buscadas y el asombroso trabajo de Aguirresarobe en la fotografía, es que Barcelona es la ciudad más cool del planeta. Una imagen de proyección que les va a venir muy bien a más de uno.

El filme explica la historia de dos turistas, Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) que llegan a Barcelona para pasar sus vacaciones de verano. Son dos buenas amigas, pero radicalmente distintas en personalidad, sobretodo respecto a temas como el amor. Diferencias que saltan cuando conocen a Juan Antonio (Javier Bardem), un pintor barcelonés con el que establecen un lío amoroso, y el cuál, sigue manteniendo una relación con su temperamental ex-mujer María Elena (Penélope Cruz). Es precisamente cuándo entra en escena este personaje (el de Cruz) cuándo el filme cobra un repunte de energía y comicidad vital para el ritmo y el conjunto de la obra. Sus cara a cara con el personaje de Bardem producen las situaciones más surrealistas y los enfrentamientos verbales más hilarantes de todo el filme.

El humor de Vicky Cirstina Barcelona no es al que nos tiene acostumbrados Allen. No hay diálogos brillantes ni irónicos, el alter ego del propio director no está escenificado en ninguno de los personajes, las situaciones cómicas no desbordan por la situación en sí sino por la actuación de los intérpretes. La cinta pasa por los puntos de mayor comicidad en los momentos en que Cruz y Bardem comparten el mismo plano. Ambos actores escenifican con total sinceridad y autenticidad una extraña pareja que se odia y se ama con el mismo fervor. Consiguiendo con ello ciertos fragmentos almodovarianos. La influencia del director manchego se nota también en el triangulo amoroso entre Cristina, Juan Antonio y María Elena. Y también en la gran plasmación de la vitalidad de unos personajes autóctonos tan cercanos y realistas, que nuestros dos actores más internacionales han sabido dotar del máximo esplendor. Imprescindible ver la película en versión original para ver cómo se utilizan los cambios repentinos de idioma para transmitir el temperamento, la locura, y las chispas que saltan entre estos dos personajes.

Scarlett Johansson en Vicky Cristina Barcelona

La película de Allen establece un interesante dibujo de personajes marcadamentes distintos, y hiperbólicos en ciertos aspectos, que logran dotar de empuje al metraje a través del encuentro y desencuentro entre ellos y sus fuertes personalidades. A todo esto Allen ha querido aportarle un plus con sus habituales temáticas: la pasión, las dudas morales, el mundillo del arte, y el intelectualismo. Sin embargo la sensación dejada es de cierta imposición por parte del director para que su película no sea considerada sólo como una comedia ligera, que al fin y al cabo, es lo que es.

Hay ciertos aspectos que el director de Manhattan parece haber descuidado o dejado en manos de otro. Por ejemplo la música, si bien su tema central (del grupo afincado en Barcelona Guilia y los Tellarini) encajaría en el 90 % de las películas del director norteamericano, además cumple perfectamente con el tono del filme, basta adentrarse en la banda sonora para que la elección no sea demasiado acertada. Empezando por Entre dos aguas de Paco de Lucía que actúa como leit-motiv, y que hasta cierto punto tiene pase. Pero luego hay ciertos abusos y repeticiones musicales (mal síntoma), y las versiones folclore son poco afortunadas para la temática y la historia. Es en la visión de Oviedo y Barcelona donde el filme podrá encontrar algunos detractores, pero la imagen dada se justifica por ser la que tiene un turista cuando visita nuestras tierras

Vicky Cristina Barcelona es el canto personal de Woody Allen a la ciudad condal y al romanticismo latino. Es una de las películas que menos recuerda al genial director. Su ambientación en España, la falta de unos diálogos delirantes, la aparición de Javier Bardem y Penélope Cruz, y los ecos almodovarianos dan que pensar en ello. No obstante la sensación dejada es positiva, ya que nos encontrarnos ante un producto entretenido, hecho con mucho gusto y exquisitez, apoyado en gran medida por el elenco actoral, y que consigue dejar una sensación dulce y fresca en el espectador sin que ésta sea demasiado perdurable, en cuestión de un año, ya estaremos pensando en su próxima película Whatever Works.

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