Déjame entrar, críticas positivas

Déjame entrar, críticas positivas

No se pierdan la crítica que mi compañero Julio Vallejo hizo recientemente de la película Déjame entrar, sin lugar a duda, un minucioso y realista análisis de la última cinta de Tomas Alfredson. Se trata de una aclamadísima obra de terror, muy alabada por la crítica y el público, y premiada en más de 25 festivales. Lo que yo os traigo es una segunda opinión que no hace más que acompañar y secundar lo que ya veníamos diciendo en Notas de cine. Déjame entrar es fabulosa, magnífica, de obligada visualización para todo amante del cine que se precie. ¿Por qué? Intentaré aportar motivos.

Por unos personaje que, aunque no son muchos, son muy intensos: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist y Peter Carlberg. Juntos son capaces de crear esa atmósfera que otras cintas como Fargo (Joel Coen) nos han logrado transmitir. Una atmósfera de miedo y confusión, de tensión, de frío, pero no un frío de “ay, que frío hace”, sino ese otro que nos congela las venas e impide que la sangre corra por nuestro cuerpo anclándote en la butaca y respetando los 114 minutos que dura el filme. En serio, es maravillosa.

Decían que era poesía en movimiento, y lo es. Guillermo del Toro aventuraba “Un cuento de hadas glacial, delicado, atormentado y poético”, y que razón tenía, porque no es la típica película de vampiros, con ajos, crucifijos y explosiones por doquier, no. Aquí el vampiro es una menor de edad que sufre, tiene sentimientos y posee una madurez que roza la incomodidad.

Desde el Chicago Sun-Times han dicho: “Es una ‘película de vampiros’, pero ni de lejos en el sentido de lo que entendemos por ese término. Es terriblemente sombría. Se toma a los vampiros tan en serio como lo hacían Murnau o Herzog en las versiones de ‘Nosferatu’, y eso es tomárselo muy en serio. Desde Newsweek señalaron: “Hipnótica (…) una película de vampiros como ninguna otra. (…) Seria, melancólica, romántica, Déjame entrar se despliega con una tranquila y magistral seguridad.” La revista Rolling Stone dice: “Es un triunfo, llena de alegría y malicia, con el añadido de un joven romance que nunca verás en el Disney Channel. (…) Los dos jóvenes protagonistas son dinamita. (…) Véanla antes de que Hollywood haga un remake y la arruine.”

Y aquí, en nuestro país, las críticas han ido más o menos en esa línea. En El País: “Bésame, monstruo. (…) Alfredson logra enaltecerla mediante una película que no es sólo buena: es única e importante, perturbadora, bellísima y brutal”. Desde el ABC: “El frío encanto de esta sorprendente historia de vampirismo le obliga a uno a presentarle lo mejor del propio cuello. (…) El desenlace es prodigioso y fascinante”. Y en revistas especializadas tampoco se han quedado cortos. Cinemanía afirma: “La mejor película de terror del año es sueca y ochentera. Y no sale Olof Palme. (…) otra vuelta de tuerca al género”, y Fotogramas: “Nos seduce por la elegancia de su exposición: un admirable tono realista, una narración pausada, sin prisas pero sin pausas, y un humor sarcástico en sordina. (…) cumbre entre las cumbres, la escena final (…) desde ya un hito del género.

Y pensáreis, jo con Raúl G. Serra que no sólo nos da su segunda opinión, sino que nos trae ocho críticas más que apoyen su teoría que, a la vez, acompaña a la que a priori hizo Julio Vallejo aquí en Notas de cine. ¿Cuál es su intención? Por dios, que acudan al cine a verla ya. Eso sí, hay un handicap y es que al no tratarse de una Batman, una Transformes o una Harry Potter, hay que currárselo un poquito más para encontrar una sala que la incluya en su cartelera, es lo que tiene el cine sueco, que aunque sea la mejor película del año, no hay casi cines que la pongan. Que pena.

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