El doblaje, una herencia franquista

Cine_Franco

Tomando como pretexto el aniversario de la muerte de Franco, circunstancia que se empeñaron en recordar ayer todos los medios, aprovecha un servidor para refrescar la memoria en lo que hace referencia a una decisión normativa del antiguo régimen que a la postre se ha revelado como de gran transcendencia en los hábitos cinematográficos actuales de los españolitos de a pie.

Y me estoy refiriendo en concreto a la ya tan arraigada y artísticamente perversa costumbre del doblaje en el cine patrio.

A ese respecto, quizás sirva de algo recordar que esta particularidad del cine hispano tiene su origen ni más ni menos que en una orden ministerial del 24 de abril de 1941, cuyo apartado 8º rezaba textualmente:

«Queda prohibida la proyección cinematográfica en otro idioma que no sea el español, salvo autorización que concederá el Sindicato Nacional del Espectáculo, de acuerdo con el Ministerio de Industria y Comercio y siempre que las películas en cuestión hayan sido previamente dobladas. El doblaje deberá realizarse en estudios españoles que radiquen en territorio nacional y por personal español».


Obviamente, bajo el pretexto de defender la lengua española de las foráneas o de otras del propio territorio, el objeto prioritario de esta norma no era otro que el de facilitar a la Oficina Nacional Clasificadora de Espectáculos la aplicación de la censura, alterando los diálogos originales al propio antojo e interés. Lo cierto, en cualquier caso, es que aunque la obligatoriedad del doblaje cesara en 1946 esta práctica ha pervivido hasta nuestros días con el consentimiento mayoritario que suele devenir del uso.

La lista de ejemplos de los despropósitos que trajo la censura y el doblaje mal intencionado sería interminable. Por citar sólo alguno de esos dislates podríamos recordar un diálogo de Humphrey Bogart en «Casablanca» (Michael Curtiz, 1942) donde queda en evidencia el pasado prorepublicano de su personaje cuando le interpela el inspector francés interpretado por Claude Rains de la siguiente manera: «En 1935 llevó armas a Etiopía. En 1936 luchó en España en el bando republicano”.

A los censores no les cuadraba muy bien este perfil del personaje así que lo sustituyeron por este otro: “En 1935 introdujo armas en Etiopía. En 1938 luchó como pudo contra la anexion de Austria».

En «La Dama de Shangai» (1947) el personaje interpretado por Orson Welles confiesa que mató a un espía franquista y que no dudaría en volver a hacerlo. Pues bien, el doblaje salda el tema con una versión donde todo quedaba en que el héroe de la película trabajó en el servicio de espionaje durante la 2ª Guerra Mundial.

Otros capítulos muy recordados podemos encontrarlos en «Mogambo» (John Ford, 1953), donde una relación conyugal es reconvertida en fraternal para encubrir una infidelidad o en «El puente de Waterloo» (Mervyn LeRoy, 1940), donde la prostituta se convierte en artista, por no citar la censura de carácter religioso en la versión de «Romeo y Julieta» de Franco Zeffirelli o en «La Túnica sagrada»( Henry Koster, 1953).

Raza

Incluso el propio generalísimo sería objeto de su propia censura en «Raza» (José Luis Sáenz de Heredia, 1941) cuando a raíz del Plan Marshall hubo que moderar el discurso fascista y antiamericano.

Dícese que el ser humano es un animal de costumbres. Así pues parece difícil revertir esta tendencia, pero sirva al menos esta puntualización para dejar las cosas en su justo punto.

Visto en: esloquehay y basinbeeld.nl

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