El último grito de Tarzán

Johnny WeissmullerAntes de convertirse en Tarzán, Johnny Weissmuller era nadador y no se le daba nada mal. Hasta el punto de que fue el primer ser humano que nadó los cien metros en menos de un minuto. Ganó cinco medallas de oro en las olimpiadas de 1924 y 1928, y otra más de bronce en waterpolo. Batió sesenta y siete récords mundiales en cien, doscientos, cuatrocientos y ochocientos metros libres. Así que ahora entenderán porqué no había película de Tarzán en la que no echara un carrera en el agua con el cuchillo en la boca.

Pero Weissmuller fue el primer Tarzán que utilizó una seña de identidad inconfundible: es grito característico con el que se comunicaba con los animales de la selva. La curiosidad viene en que el grito de Tarzán no era humano; fue realizado en los estudios de sonido de la Metro. El ruido que emitía Weissmuller estaba basado en una expresión de alegría de los pastores tiroleses, al fin y al cabo era descendiente de austríacos. La expresión vocal utilizada en los distintos metrajes era el resultado de la ecuación: hiena + camello + violín + soprano + Weissmuller.


Desgraciadamente su final fue bastante decadente, se casó y fracasó en seis ocasiones, hizo series de televisión de ingrato recuerdo al estilo Jungle Jim y acabó sin un dólar, abandonado en un geriátrico. Las malas lenguas cuentan que murió lanzando su famoso grito, aterrorizando a las enfermeras y causando pánico en la residencia. Lo peor es que esta leyenda urbana es totalmente cierto. Weissmuller “picaba billete de ida” a los ochenta años en Acapulco, víctima de una demencia cuyos contenidos alucinatorios le trasladaban a la selva (que solamente conoció en su versión de cartón piedra). Estaba convencido de ser Tarzán, el rey de la selva.

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