Festival de Málaga 2010. Día 1: Saura abre el certamen con un acertado Don Giovanni

Io, Don Giovanni

Un homenaje a las bellas artes. Eso es lo que representa el techo del Teatro Cervantes. Y eso esperamos que sean las películas que concursan en esta edición del Festival de Cine Español. Desde este espacio, trataremos de hacer la mejor crítica posible, que aunque esta disciplina no sea una de las bellas artes, también tiene lo suyo.

Esta ciudad y yo no nos queremos demasiado. Y con un estallido me recibe. Como el de las adolescentes que esperan ansiosas a sus ídolos catódicos a las puertas del teatro desde el amanecer (a pesar de las inclemencias del tiempo), como aquellos que le daban a Carlos Pumares (que también anda por aquí) en Crónicas Marcianas, cuando le tocaba hablar de ciertas películas. En Málaga, que es esta ciudad, llueve una barbaridad. La alfombre ya no parece ni roja, y eso no es un buen presagio. Pero hablemos de cine, que es lo nuestro.

El trayecto que nos llevará durante una semana hasta Habitación en Roma ha comenzado hoy. El veterano Carlos Saura ha inaugurado la Sección oficial con su Io, Don Giovanni. A estas alturas, todos conocemos de sobra su inmenso interés por la música, y en esta ocasión se ha centrado en la génesis de la inmortal ópera de Mozart Don Giovanni. Concretamente, en la influencia que tuvo sobre ella un decrépito Giacomo Casanova (como el de Fellini) mediante la figura de su discípulo y autor del libreto, Lorenzo da Ponte, cuya vida se asemeja a la de cualquier donjuán, hasta la aparición de una hermosa muchacha de la que se enamora.

Io, Don Giovanni comienza con el plano de una gran escultura que está siendo trasladada (otra referencia al universo felliniano, concretamente a La dolce vita). Saura juega desde la modernidad, su representación es consciente. De hecho, el objetivo final de sus personajes es la consecución de un gran Don Giovanni, lo que no difiere en absoluto del suyo propio. La fotografía del maestro Vittorio Storaro nos ayuda a sumergirnos en este universo expresivo en las apariencias, de influencia inequívocamente pictórica.

Lo curioso es que lo más llamativo de la propuesta termina siendo la plasmación en imágenes del ciclón creativo de Wolfang Amadeus Mozart. Algo parecido le pasaba a la versión de La flauta mágica que filmó Ingmar Bergman.

Día 2 | Día 3

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