Festival de Málaga 2010. Día 4: El idioma imposible, un bello relato de amor y dependencia

El idioma imposible

Años 80 en España. Una época que suele ser presentada como la del estallido de libertad, la de la renovación de la cultura y los valores, aquella en la que nuestro país y sus ciudades se convirtieron en el centro mundial de la modernidad. Lo cierto es que aquellos años también fueron los de la rendición de muchos jóvenes, incapaces de afrontar las novedades. Aquellos que crecieron tratando de buscarle algún significado a las canciones en inglés, cuyas letras no entendían. De ellos, de los yonquis de aquella época, habla El idioma imposible, probablemente la mejor película (sin duda, la más sugerente) que hemos podido ver hasta ahora en el concurso.

Ópera prima de Rodrigo Rodero, la cinta nos cuenta la bella historia de amor de Fernando (Andrés Gertrudix) y Elsa (Irene Escolar). Él, un tipo hiératico y siempre de negro, se dedica al tráfico de anfetaminas. Ella, una chica con estilo y misterio, es una adicta a la heroína sin ánimo de curarse. Los dos se convierten primero en compañeros y después en amantes, hasta que Fernando deja de soportar la visión de la autodestrucción de Elsa. Todo ello en una Barcelona preolímpica, tal y como fue reflejada en la novela homónima del escritor Francisco Casavella, fallecido de forma prematura en 2008.

El idioma imposible no es ni mucho menos una película perfecta, pero tiene rasgos que la sitúan un paso por delante de sus competidoras en el certamen. Hay en ella una voluntad de puesta en escena (con algunos planos de más de cinco segundos, algo hasta ahora inédito), hay sugerencia en los diálogos y las elipsis, y la pareja de protagonistas está perfectamente escogida. Todo ello facilita que nos duela la tragedia existencial de Elsa y Fernando, cuyas dudas son tan grandes como el mar al que miran constantemente.

De una dependencia distinta trata El dios de madera, segunda incursión en la dirección de largometrajes del escritor (y ex crítico de cine) Vicente Molina Foix. Protagonizada por Marisa Paredes y tres actores desconocidos (uno de ellos vende bolsos en la Plaza Cataluña), la película nos sitúan en un espacio muy concreto, el bloque en el que habituan una viuda madura y su hijo en una ciudad europea en la actualidad (concretamente, Valencia). Con ellos conviven también un peluquero marroquí del que el joven está locamente enamorado, y un senegalés que despierta en la mujer unos sentimientos que tenía bien enterrados.

La gran virtud de El dios de madera es no abusar del clásico buenrollismo y la denuncia light de las películas sobre la inmigración. Lo que hace es nutrirse del tema para abordar el choque de realidades entre la vieja Europa y los nuevos valores que aportan los ciudadanos llegados de zonas perfifericas. Molina Foix ha trabajado concienzudamente un texto complejo, y ha sacado lo mejor de Marisa Paredes (firme candidata a la Biznaga a la Mejor Actriz). Lástima que el montaje y la puesta en escena sean tan sobrias y pretendidamente verosímiles, lo que provoca que la experiencia termine resultando ciertamente fatigosa.

Estrellas filmadas con videocámara

Estaba yo extrañado de que una película con Fernando Tejero, Adriá Collado, Guillermo Toledo, Fele Martínez y Antonia San Juan en su reparto se exhibiera en ZonaZine y no en la Sección Oficial. Una vez vista, lo comprendo a la perfección. Desechos está filmada con cámara de vídeo (y no de Alta Definición precisamente) como una ficción entre colegas, que se lo pasan bien al tiempo que cuentan una disparatada historia de ficción. A mí me recordó al espíritu grunge de Clerks, solo que sus eternos diálogos tienen menos gracia y ningún contenido.

La historia de Desechos, por decirlo de alguna manera, es bien simple. Dos amigos que malviven como pueden en un piso compartido en Ibiza deciden alquilar un aramrio empotrado como habitación. Parece imposible que alguien vaya a alquilar la estancia, pero aparece un tipo curioso llamado Soto que se queda con ella. Este dice ser actor profesional, y asegura tener un plan que puede sacarlos a todos de la miseria.

Parece ser que con Desechos, el director David Marqués completa su propia trilogía. No creo que rescate las otras dos. Para acabar, sí que quiero recuperar las declaraciones a un diario local del actor Jordi Vilches a proposito de una de las películas presentadas ayer, y que él mismo protagoniza. Nunca había leído nada por el estilo. Aquí tenéis el enlace.

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