Harry Potter 6 y Up: primeras impresiones

Luna LovegoodUp y Harry Potter

Ayer tuve la oportunidad de ver Harry Potter y el misterio del príncipe y Up, dos de las producciones más esperadas de este verano. A grandes rasgos, la primera me decepcionó mientras que me entusiasmó la segunda, algo que por otra parte era totalmente previsible. Mientras preparo un análisis más profundo para los próximos días, escupo mis primeras conclusiones acerca de estos dos films.

Harry Potter 6, o Harry potter y el misterio del príncipe, es probablemente la más aburrida de las seis entregas estrenadas hasta ahora de la saga. Aunque la producción vuelve a ser lujosa, y muchos de sus planos están muy elaborados, la propuesta juega con una dualidad argumental que no termina de funcionar. De una parte encontramos lo serio, esa lucha entre el bien y el mal que se desarrolla en mucha menor medida que en Harry Potter y la Orden del Fénix. Por otro lado está el desbordamiento de hormonas de los adolescentes protagonistas, que ocupa más tiempo del necesario y que desdibuja el resultado global de la propuesta. Su calidad en comparación con la novela en que se basa mejor ni mencionarla, dejándose apenas un par de apuntes del pasado de Voldemort, sin duda lo más interesante del texto de J.K. Rowling.

Up es otra cosa. Pixar vuelve a dar buena cuenta de su maestría a la hora de combinar la ternura con la aventura, el cine de entretenimiento con el de sentimientos. El resultado de la mezcla es una vez más magnífico. Distraída, graciosa y profundamente conmovedora, Up no solamente no desentona ante obras del calibre de Wall-E o Ratatouille (las últimas de la compañía), sino que es capaz de tutearlas, recuperando por el camino la magia del cine puramente familiar. Tanto en su acabado técnico como en la construcción de sus personajes, Up es una nueva demonstración de que las propuestas de Pixar están a kilómetros de distancia de las del resto de creadoras de animación actuales, y muy cerca de erigirse en lo más destacado del cine del siglo XXI.

En definitiva, la nueva entrega de Harry Potter y Up representan dos formas de enfrentarse al cine comercial en estos tiempos. Mientras que la Warner ha elaborado una impersonal y aparatosa gran producción de bajo riesgo y con problemas de ritmo, Pixar ha vuelto a demostrar que con aventura y sentimientos heredados del mismísimo Charles Chaplin, puede construir un cine que desde lo más básico se eleva por encima del resto del mainstream hollywoodiense, más o menos como la casa del señor Fredricksen sobre el vecindario. Las diferencias son evidentes.

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