La Armada Brancaleone

Dirigida en el año 1966 por el realizador Mario Monicelli, La Armada Brancaleone nos propone una hilarante e irreverente historia ambientada en el medioevo que busca parodiar las grandes narraciones épicas con una serie continua de gags que doblan su efectividad con la genial interpretación del joven Vittorio Gassman.

armata_brancaleoneposter.jpgEl film comienza con la exposición del violento saqueo de un pueblo montañés cuyo suelo queda, poco después cubierto por completo de cuerpos fallecientes y vejados. Una vez que este ha concluido, los malvivientes a cargo del ataque pretenden darse a la fuga mas pronto son detenidos y vencidos por un caballero germánico, Arnolfo mano de hierro. Inesperadamente un grupo de sobrevivientes comienza a agredirle y el caballero, herido, es arrojado al río luego de ser robadas sus pertenencias. Entre ellas se hallará un manuscrito dañado que garantiza la entera posesión de las tierras de Aurocastro a quien lo presente a sus pobladores. El grupo, conjuntamente con un viejo hebreo (Carlo Pisacane) que les auxilió en la lectura del pergamino, determinan la necesidad de hallar a un caballero para que reclame las posesiones mas a la vez jure compartir con ellos parte de ellas. Es así que el anciano les guía hacia la cruzada donde Brancaleone de Nurcia (Gassman), un solemne más torpe jinete de medio pelo, habrá de batallar por la mano de una princesa. Su inmediata derrota le insta a aceptar el acuerdo.
En camino hacia el feudo el grupo encuentra a Teofilatto de Leonzi (Gian Maria Volontè), caballero bizantino con quien riñe innecesariamente Brancaleone para, al fin, considerar su proposición de tomarle como supuesto rehén e intimar a su padre a pagar el rescate para luego compartir con aquél el monto. Con su clara celeridad el personaje de Gassman posterga el viaje para luego del arribo a Aurocastro mas en mitad del trayecto una nueva distracción surge. Desde la lejanía se ve aproximar a un grupo de fieles liderados por un peculiarmente efusivo monje que les ofrece unirse en la cruzada hacia Tierra Santa para lograr la Salvación. Inicialmente aceptan mas luego retornan a sus planes originales cuando el religioso cae de un puente mientras pretende demostrar el buen estado del mismo.



Aún otro suceso les desvía de su camino pues hallan en el bosque a Matilda (Catherine Spaak), un joven princesa que ha sido atacada por un grupo de bandidos y deberán hacerse cargo de ella. Pronto la muchacha se enamora de Brancaleone y desea tener con él relaciones mas, aun a disgusto, éste se niega pues responde a una promesa que hiciese a su tutor antes de morir y en respeto a su próximo esposo. En venganza ella seduce al caballero bizantino.
El celebrado retorno de la princesa a sus tierras y el hondo agradecimiento al grupo de buenos hombres que la han llevado con vida culmina en un bravo linchamiento al descubrir el marido en la alcoba nupcial que la muchacha no es virgen. Luego de probar suerte con el plan del pretendido rescate,que no da resultado pues el padre del rehén se niega por completo a pagarlo, se dirigen y arriban finalmente a Aurocastro mas apropiarse de las tierras será aún más difícil de lo que pensaban. En el desarrollo de sus planes se determina el desenlace del film.

En clara contraposición a las grandilocuentes obras hollywoodenses sobre elbran.jpg medioevo, con sus caballeros incólumes que triunfantes conllevan grandes valores, La Armada Brancaleone pretende burlarse de aquellos estereotipos: “era una forma de demistificar la Edad Media tal como la enseñaban entonces en Italia –afirma el director Monicelli- Queríamos insistir en la barbarie, grosería, miseria e ignorancia que prevalecían en aquellos tiempos.”
Si bien el personaje que encarna Gassman no es una absoluta antítesis, pues, por ejemplo, vemos la firmeza de ciertos valores al cumplir su palabra luego de prometer cuidar de la princesa y su pureza, y le notamos claramente sensible al fallecer el viejo hebreo, ciertos caracteres difieren claramente de los supuestos para una figura como la que encarna. Su estoicismo llega a un punto tal que resulta hilarante, como así también su poca sagacidad y el recurrente giro de la situación en su contra. Vemos su figura ridiculizada con golpes accidentales y risas por parte del público en la pequeña competición, por ejemplo, mas creo que es indudable cierto apego que con él establece el espectador, quizás porque es una figura mas accesible por su falibilidad y buen corazón. El séquito que le acompaña tampoco es ortodoxo, el anciano Abacuc, por su parte, fiel a su oficio de comerciante, pretende negociar todo trato, incluso el rescate del caballero bizantino y muestra su claro temor en varias ocasiones ocultándose en el baúl que lleva con su mercadería. Menores participaciones nos muestran lo mismo: el niño abandona su clásica imagen de indefensión y toma parte activa en los enfrentamientos mientras que el muchacho obeso que los acompaña se aleja por completo de un posible estereotipo al establecer una relación afectiva con un oso.
Todo ello juega en provecho de una obra con gran comicidad absurda que seguramente ha sido fuente de inspiración para nuevos íconos del género. Recomiendo para quien ha gustado del este film vea su continuación en la secuela de 1970: Brancaleone en las Cruzadas.

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