La censura en el cine

boys_in_the_band_poster.jpgDesde que el ser humano posee la capacidad de expresar ideas existe la censura. Sea cual sea el código utilizado para establecer una comunicación entre dos o más personas, siempre se corre el riesgo de discernir con el discurso y el problema se origina cuando la persona en desacuerdo con el mensaje posee suficiente poder como para hacer callar al emisor. Desgraciadamente, este poder se utiliza con demasiada frecuencia, agrediendo gravemente un derecho primordial del ser humano, como es la libertad de expresión.

El cine no es una excepción. Son innumerables las películas que han sufrido cortes en su metraje original bajo presiones políticas, militares o religiosas, llegando a no ser estrenadas muchas de ellas. Por si fuera poco, la complejidad del proceso de creación cinematográfico convierte este medio de expresión en uno de los más desprotegidos ante los ataques del censor, que puede actuar en cualquiera de las citadas fases dañando seriamente el contenido del filme (en caso de que llegue a ser exhibido). Y es que, un censor puede prohibir la edición de un libro o su distribución, pero no puede evitar que el autor escriba la obra. En el caso del cine, cualquier maniobra que se haga contra una película puede frustrar la existencia de la producción.

etat_siege.jpgEl censor justifica siempre sus actos esgrimiendo siempre el mismo argumento: el beneficio de la comunidad, la moral y las instituciones. Podríamos entonces teorizar que cualquier español que hubiera visto The boys in the band en el 71 se habría convertido en un homosexual recalcitrante. De la misma manera, cualquier uruguayo se hubiera convertido en terrorista tras visionar Etat de Siege de Costa-Gavras. Está claro que los argumentos caen por su propio peso, pero aún así, veremos algunos casos realmente sonados.


nekro.jpgLo positivo de todo esto es que, a medida que avanza la humanidad disminuyen estos casos de interferencia aunque tenemos el caso de Necromantik de Jörg Buttgereit cuya exhibición está castigada por la ley en Gran Bretaña. ¿Es utópico abogar por un cine libre? ¿Es positivo?

Cada país ha ejercido de manera diferente la censura sobre las películas que producía y también sobre las que importaba. En la antigua Unión Soviética, donde todos los gastos de producción eran sufragados por el Estado, se ignoraba completamente cualquier proyecto cuyo contenido se alejase de los dogmas estalinistas. El maestro Eisenstein tuvo que rectificar en 1928 el rodaje de Octubre ante la expulsión de León Trotsky del Partido Comunista, viéndose obligado a omitir cualquier alusión al personaje en una película que, en teoría, debía narrar la Revolución Rusa, donde Trotsky jugó un papel relevante.

En Hollywood, la Meca del cine, donde las películas se realizaban con capital privado, nace el Código de Producción, dirigido por William H. Hays, con la misión de limitar el contenido de las producciones norteamericanas en lo concerniente a temas como la droga, la homosexualidad, el racismo, los matrimonios interraciales y el sexo. El código, todavía vigente hoy en día, sería modificado posteriormente en pos de otorgar una mayor libertad. En la actualidad, su función es la de calificar las películas en función de la edad del público autorizado para verlas.

En 1947, iniciada la guerra fría, el temor de una URSS provista de armas atómicas provocaría un estado de histeria en toda Norteamérica. Cualquier atisbo de comunismo debía ser eliminado, así como las alusiones excesivamente críticas al sistema social. Por suerte, en Europa nunca se han radicalizado tanto las posturas, aunque también han existido casos de censura muy importantes.

lasttango04.jpgUno de los más conocidos es el protagonizado en 1972 por El último tango en París de Bernardo Bertolucci, interpretada por Marlon Brando y María Schneider. Esta historia de amor contenía varias escenas sexuales bastante atrevidas para la época. Fue instantáneamente prohibida en Inglaterra, Italia y España y sufrió cortes en muchos de los países donde fue exhibida. Paradójicamente, países como Dinamarca o Alemania habían eliminado cualquier tipo de censura respecto a temas sexuales. En Dinamarca, la pornografía se legalizó en 1968.

Otro caso digno de mención es el de España, se censuraron muchas películas durante la época del general Franco (1939-1975). Muchos españoles perdieron la oportunidad de ver las obras de Goddard, Bertolucci, Anderson o Corman. No sólo se prohibió la exhibición de determinados filmes o se mutiló su metraje original sino que, en un alarde de malabarismo retórico se cambiaron los diálogos de los personajes durante el doblaje. Por ejemplo, la surrealista anécdota protagonizada por Mogambo, de John Ford, donde los esfuerzos realizados por los censores para ocultar un adulterio cambiaron totalmente la relación de dos protagonistas. En España, el personaje de Grace Nelly no era el de esposa, sino el de hermana.

el_verdugo.jpgTambién fueron afectados directores y guionistas españoles durante esta etapa. Pese a ello, la pareja compuesta por Rafael Azcona (guión) y Luis García Berlanga (dirección) supo jugar con dobles y hasta triples sentidos, con un esperpéntico sentido del humor, para poder realizar filmes como El verdugo (1963) o Bienvenido Mister Marshall (1952), crónicas de tono satírico de la realidad del país en aquel momento.

En realidad, la censura actúa contra la integridad intelectual de cualquier producto y en el caso del cine, el espectador debe gozar de libertad para elegir lo que desea ver y verlo en su forma original y a ser posible, sin manipulaciones de ningún tipo.

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