Luis Pérez Ochando: “Los zombis de Romero abordan problemas sociales”

El autor Luís Pérez Ochando es el responsable del primer libro español sobre la figura de George A. Romero, probablemente uno de los grandes autores norteamericanos vivos.

Portada del libro de la editorial Akal. Colección Cine

La figura de George A. Romero, director casi siempre vinculado al cine de terror y creador del mito del zombie tal y como lo conocemos, ha sido casi siempre dificil de asimilar para crítica y público. Luis Pérez Ochando, licenciado en comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia y cofundador de la revista “L’Atalante”, ha escrito George A. Romero. Cuando no quede sitio en el infierno (Ed. Akal, Colección Cine), el primer (y excelente) libro en español dedicado íntegramente a su figura y su filmografía, un volumen que además de para reivindicar la condición de autor de Romero, de explicar sus películas, eleva el género de terror por encima del gueto al que gran parte de la crítica -y particulamente la española- le ha relegado a lo largo de los años.

-¿Por qué un libro sobre George A. Romero y no Tobe Hooper, Wes Craven, Sam Raimi…? ¿Qué le distingue a él de los demás?

-Cuando tuve la oportunidad de escribir un libro sobre un director de cine actual para la editorial Akal barajamos diversas propuestas que pudieran resultar interesantes para ambas partes. Después de desechar algunos directores por ser demasiado desconocidos para el gran público (Kiyoshi Kurosawa o Shinya Tsukamoto, por ejemplo), confeccionamos una lista de candidatos posibles. Mis dos primeras propuestas fueron George A. Romero y John Carpenter, por quienes sentía especial predilección. Finalmente, nos decantamos por Romero.

Por aquel entonces, yo estaba investigando sobre la ideología en el cine de terror, lo que indefectiblemente me condujo a las películas de Romero. En su cine, Romero aborda continuamente toda una serie de problemas sociales, culturales y políticos de la sociedad estadounidense. En este sentido, una de las constantes de su obra es el deseo de realizar una visión crítica de la América contemporánea a cada una de sus películas. Con el tiempo, Romero llegó a plantearse sus películas como una serie de instantáneas de su tiempo, en la que quedaran patentes los conflictos de cada momento, desde la guerra de Vietnam en The Crazies o La noche de los muertos viventes hasta el consumismo hedonista en Dawn of the Dead, pasando por la división de clases en La tierra de los muertos vivientes o la manipulación mediática en El diario de los muertos, etc. La visión crítica marca la manera de mirar de Romero, pero también toda una serie de constantes formales (la influencia visual y narrativa de los cómics de EC) y temáticas (los personajes atrapados) y, finalmente, una actitud artesanal e independiente a la hora de acercarse a las películas. Todo ello confluía a la hora de decantarse por un director con una obra muy personal y que, sin embargo, no ha gozado de gran estima crítica en España debido –en mi opinión— a que sus películas han sido vista de manera aislada y discontinua y a que se alejan, decididamente, de los cánones visuales y narrativos que definen el cine de autor o el cine comercial.

Finalmente, tenía mis motivos personales para decidirme por Romero, ya que La noche de los muertos vivientes fue una película que me cautivó totalmente desde adolescente, pues en ella se atisbaba algo más de lo que se podía percibir a simple vista. Fue, sin duda, la obra que me hizo preguntarme por primera sobre el significado de las películas, sobre qué es el miedo y por qué nos gusta; fue, en definitiva, la película que me movió a estudiar y analizar el cine.

-¿Qué miedo profundo expresa Romero, en ese paso del terror “exterior” al “interior” del Gótico Americano? ¿Algún logro más aparte de la trilogía zombi inicial?

-Los personajes de Romero a menudo parecen completamente atrapados y condicionados por elementos externos (los zombis, la sociedad, etc.), pero lo que realmente les limita y les confina es que creen que esas barreras son insuperables y que no pueden escapar. Esa limitación asumida e interiorizada es lo que realmente les mantiene atrapados; por lo tanto, el principal miedo que expresan es el miedo al cambio. Todos los personajes de Romero se enfrentan, en un momento dado, ante una situación abrumadora ante la que es preciso reaccionar; sin embargo, muchos de ellos prefieren seguir viviendo como hasta ese momento, desdeñan la escapada, temen al cambio y siguen con sus vidas aunque el fin del mundo esté a la vuelta de la esquina.

En cuanto a otros logros, creo que su mejor película es Martin, una historia sobre un muchacho que cree ser vampiro en medio de una sociedad envejecida, ruinosa y desintegrada. Sin embargo, tampoco debieran desdeñarse aportaciones como Los caballeros de la moto, Creepshow o Atracción diabólica.


-¿Por qué existe todavía tanta reserva y hasta menosprecio por el cine fantástico (pese a que también puede albergar contenido político, o de autor)? ¿Cree que esto es común al resto de los países, o es España diferente al resto?

-John Carpenter afirmaba en una de sus escasas entrevistas que el cine de terror seguía estando considerado como un género menor, apenas un par de grados por encima de la pornografía. La comparación no es baladí, ya que el terror utiliza como materia bruta lo reprimido, el inconsciente, la violencia, el dolor físico, la angustia espiritual, la destrucción del cuerpo humano, motivos que resultan contrarios al buen gusto y se relacionan siempre con lo prohibido y lo malsano. El cine de terror nos obliga a mirar a todo aquello que la cultura dominante esconde, nos lleva allí donde el orden racional se desmorona y ya no podemos sentirnos seguros.

Por otro lado, el cine de terror es un producto frecuentemente destinado al público adolescente o juvenil –que vería en él una proyección de su propia situación vital: el cuerpo cambiante, la incapacidad de encajar, como el monstruo, en el mundo adulto, etc.–, lo que conlleva un cierto rechazo, al ser comparado con otras formas de arte consideradas más adultas y más maduras.

En España, el cine de terror sigue siendo un género poco tratado en los ámbitos académicos y como tema de investigación, pero cada vez hay más publicaciones sobre el género empeñadas en estudiar y divulgar un género tan respetable como cualquier otro. En el ámbito académico de otros países, la situación se ha invertido y ha pasado a ser uno de los géneros más investigados.

-¿A qué se debe este revival del zombie en la cultura popular? ¿Por qué hemos abrazado al monstruo de esta manera tan brutal? ¿Le hemos quitado su significado (o al menos, le hemos añadido otro)?

-Algunos ensayistas han interpretado este florecimiento del cine de zombis con una metáfora de la crisis financiera, pero esto no es del todo cierto, ya que el renacer del cine de zombis se produce mucho antes de la crisis con el éxito de Resident Evil, la nueva versión de Dawn of the Dead y 28 días después. Los zombis de los últimos años no son una metáfora del capitalismo voraz y desaforado sino que, por el contrario, expresan un profundo miedo a las masas, tanto a las masas como sujeto activo que ocupa el espacio público como al hecho de perder la individualidad dentro de la masa y convertirse en una boca más dentro de la horda.

Se trata de un fenómeno ambivalente: por un lado, vemos estas películas movidos por un secreto deseo de ver destruido un mundo que no nos gusta; por otro lado, tememos a ese proceso de destrucción. De la misma manera, podemos considerar a las masas como agente de cambio o sentir simpatía por los desheredados que están más allá de las fronteras del bienestar pero, al mismo tiempo, nos aterra que nos invadan o, peor aún, acabar formando parte de ellos.

-¿Qué obtiene el espectador del terror? ¿Son sólo sustos fáciles? ¿Es malo querer que nos asusten?

-Los sustos fáciles nos proporcionan una experiencia en la que el peligro y lo irracional se conviertes en un sobresalto controlado, seguro, domesticable y, por tanto, gozoso. Nos permiten, en definitiva, un simulacro de control que puede disipar, por un instante, aquellos otros miedos más abrumadores y terribles que pueblan la vida real; sin embargo, en el cine de terror hay algo más que sustos fáciles.

El cine de terror responde al deseo de mirar más allá de lo que nos está permitido ver, al deseo de penetrar y explorar lo desconocido, lo prohibido, aquello que se considera tabú o que no encaja en nuestro mundo cotidiano y en las leyes del mundo racional. Sin embargo, es una mirada que se sabe transgresora y que, por tanto, implica una condena al propio acto de mirar: la repugnancia o el pavor que experimentamos al llevar nuestra mirada más allá de lo tolerable es nuestro castigo por querer saber demasiado. Dicho de otro modo, con el relato de terror logramos traspasar los límites del universo racional y del orden moral, pero más allá sólo encontramos agonía, muerte y dolor. En conclusión, lo que nos permite el género de terror es explorar un conocimiento prohibido desde la perspectiva segura del lector o del espectador cinematográfico.

Imagen de Night of the living dead

-¿Cuál es el estado actual del terror? ¿Cual es la siguiente revolución?

-Durante la última década, la corriente dominante del género ha sido, sin lugar a dudas, la apropiación, es decir, la asimilación de las formas y rasgos estilísticos de cualquier película que -hoy o en el pasado- haya sido exitosa o haya generado un fenómeno de culto.

No se trata sólo de la tremenda afluencia de nuevas versiones de películas asiáticas o de otras épocas (el terror de los setenta, los slashers de los ochenta, etc.), sino de un intento de replicar cualquier éxito de taquilla en toda una serie de derivaciones posteriores. Así, nos encontramos con películas que generan subgéneros y copias que se suceden hasta agotar el modelo. El terror de inspiración asiática, el cine de falso metraje encontrado, el cine de torturas, el cine de zombis o, más recientemente, las películas de posesiones y fantasmas son buenos ejemplos de lo expuesto. Dicho esto, habrá que esperar al próximo gran éxito del género para ver toda una serie de imitaciones posteriores, aunque personalmente opino que, en los próximos años, podemos esperar todavía una buena tanda de películas de espiritistas y fantasmas.

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