Nannerl, la hermana de Mozart

Sabemos que la historia contiene fisuras, esconde elementos y obvia a determinados protagonistas. Es de recibo recordar que las líneas que perpetúan el relato colectivo de los pueblos han sido escritas por los ganadores del juego y no por los perdedores. Por eso de vez en cuando sienta bien tirar del hilo de la madeja (los hay, y muchos) y recordar la vida y obra de aquellos personajes que se ahogaron en el mar del olvido. Qué duda cabe de que muchos de esos personajes olvidados visten nombre de mujer. El caso de Maria Anna Mozart (conocida como Nannerl) es uno de ellos. Hermanísima de Wolfang Amadeus Mozart e igual de talentosa que él, la joven, cuatro años mayor que su hermano, nunca pudo desarrollarse como artista, pues en el siglo XVI las mujeres no tenían derecho a componer.

La historia, dirigida por René Féret, arranca en 1763, cuando la familia Mozart viaja por Europa ofreciendo conciertos y tratando de promocionar al joven Wolfang. A su llegada a Francia, Nannerl intentará destacar por sus obvios méritos con la música, siendo apoyada por el delfín de Francia, Luís XV, y por otras mujeres de la Corte. Sin embargo, el sistema patriarcal de valores y los deseos de su propia familia primarán por encima de la voluntad de la muchacha, que quedará relegada a un segundo plano, e incluso llegará a negar su identidad para poder ser el centro de todas las miradas. Eso sí, como hombre. Ello se evidencia en el travestismo al que se ve abocada, prefiriendo tocar el violín por encima de todo, pese a tener que fingir ser quien no es.

Además de un grito desesperado por parte de una mujer que vive en una injusticia constante, la película nos permite observar la contrahistoria de ese reconocido genio de la música que fue Mozart. El director afirma que con ‘Nannerl, la hermana de Mozart’ rinde un merecido tributo a todas esas mujeres con talento a las que las estrictas normas sociales les negaron el sitio que merecían. La historia les dio la espalda y ahora, con esta película, Réné Féret les ofrece todo el protagonismo:

Quería ofrecer a Nannerl la oportunidad de ver la creación musical creciendo en su interior e imaginé a su padre censurándola, como cuando le prohibía tocar el violín porque no era apropiado para una mujer.

Lo cierto es que Nannerl se vio obligada a dejar la música como ocupación pública cuando cumplió la mayoría de edad, dedicándose a dar clases de música hasta su muerte. Su padre nunca consintió que la joven desarrollase su talento (“no era apropiado”), mientras que Mozart se ganó la vida de manera profesional, convirtiéndose en una figura universal. Poco sabemos del lugar que habría ocupado María Anna Mozart en el mundo de la música de haber vivido en otra época, pero en esta película apreciamos el espíritu inquieto que siempre tuvo en su interior pero que se vio obligada a reprimir en pro de las normas sociales.

Fuente: Lainformacion.

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