Pataky-Echarri: en busca de la dupla iberoamericana exitosa

Elsa Pataky ¿Relaciones bilaterales para mediar conflictos? Nada de eso. Dos jóvenes actores, muy populares cada uno en su país, se unirán este año para trabajar en una peli con el director mexicano Raúl Ramón. Se trata del argentino Pablo Echarri y la española Elsa Pataky. Será el debut de Ramón en la dirección y el filme será de suspense. ¿Quién lo financiará? Aun no lo sabemos. Echarri no es muy conocido en España, pero en Argentina es el actor joven más popular. Debutó en las clásicas tiras juveniles y fue escalando hasta convertirse en una figura de peso en la televisión y también en cine, donde protagonizó entre otras «Plata quemada» (2000), «Apasionados” (2002, junto a Natalia Verbeke), “El Método” (2005) y «Crónica de una fuga» (2006). Sin ser lo más dúctil del mundo, puede decirse que es un actor correcto, de esos que nunca harán mal lo suyo pero que tampoco ganarán premios de prestigio por sus interpretaciones.

pablo-echarri-filmando-un-spot-2.jpgElsa Pataky tampoco es muy popular en Argentina, pero sí en España, donde comenzó una carrera como modelo y luego siguió por la TV y el cine. Resistida primero por su pasado como maniquí, luego a través de diversos papeles fue ganándose a la crítica a base a constancia, belleza y algo de talento. Pisó terreno norteamericano en “Beyond Re-Animator” (2003), pero fue la remake de “Ninette” de Jose Luis Garci (2005) el filme que le dio popularidad tierras afuera, al punto de comenzar a filmar seguido en el extranjero, primero con David Ellis en “Serpientes en el avión” (2006) y luego la italiana “Manuale D” amore 2″ (2007), segunda parte de la magistral comedia dirigida por Giovanni Veronesi. En el plano personal, es la novia de Adrien Brody, ganador de un Oscar por “El pianista”.

Ahora, ambos se unirán para tratar de hacer una dupla iberomericana exitosa en esta película que tratará sobre “un encuentro entre dos perdedores que cuentan sus pasados dolorosos”. Y sí, en épocas de coproducciones, un elenco nacional ya es casi imposible. Lo cual no es malo: la globalización llegó al cine y los lazos cosmopolitas son más que bienvenidos. Salvo cuando se fuerza a un actor a hablar un idioma o acento que no es el suyo y la cosa queda tan fuera de lugar que no sabemos si estamos ante una parodia o una bizarría.

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