Recordando a José Luis Manzano

José Luis Manzano

José Luis Manzano fue probablemente el rostro más prometedor de aquella ola de películas centradas en jóvenes delincuentes, el comúnmente denominado cine quinqui, que invadió el cine español de finales de los 70 y buena parte de los 80. Su trayectoria cinematográfica y personal está íntimamente ligada a la del fallecido director Eloy de la Iglesia, su descubridor, el cual siempre mostró un gran interés en su filmografía por la juventud en entornos marginales y oprimidos, ya fuese por la pobreza, el desarraigo social, la droga, o la moralidad imperante.

En el cine quinqui en el que se prodigó José Luis Manzano era habitual que los actores fuesen chavales de la calle interpretándose a sí mismos, como sucedía por ejemplo en la saga ‘Perros callejeros’ o en el acercamiento de Carlos Saura al subgénero, ‘Deprisa, deprisa’. A pesar de la oportunidad que les brindaba el cine, se puede decir que prácticamente ninguno de aquellos chavales fue capaz de huir de los malos ambientes. Poco a poco, todos y cada uno de ellos fueron falleciendo como consecuencia de la heroína o de las enfermedades relacionadas con su uso, muchas veces tras pasar largas temporadas en prisión por diversos delitos.

José Luis Manzano nació en 1963, y vivió su infancia y adolescencia en el barrio madrileño de Vallecas, uno de los principales focos de marginalidad de la época. Su padre murió en prisión al poco tiempo de su nacimiento, y su madre era alcohólica, circunstancias que muy pronto le empujarían a llevar una vida cercana a la delincuencia. Curtido desde niño en hurtos y atracos, llamó la atención de Eloy de la Iglesia cuando éste buscaba actores para el film ‘Navajeros’ (estrenado en 1980). Manzano tenía bastante desparpajo delante de la cámara, buena presencia, y una mirada atormentada que debieron de impresionar al director vasco, pues durante los siguientes años, se puede decir que hizo películas sólo para éste chaval.

En ‘Navajeros’ también hizo su debut en el cine José Luis Fernández Eguia ‘Pirri’, otro mítico ¿intérprete? del cine quinqui y amigo de Manzano, al cual dedicaremos un artículo propio dentro de unas semanas. ‘Navajeros’ se sostiene por el carisma de Jose Luis Manzano, interpretando a un delincuente real, ‘El jaro’, y por ser una película que refleja una época mítica de nuestra historia reciente, aunque esto también es aplicable a gran parte del cine quinqui de aquellos años.

Después de ‘Navajeros’, De la Iglesia volvería a contar con Manzano para ‘Colegas’, de 1982. En esta ocasión, el director abandona parcialmente los ambientes marginales para contar la historia de 3 chavales de un barrio obrero (interpretados por Antonio Flores, su hermana Rosario, y el propio J. L. Manzano) y su lucha por salir de las estrecheces económicas a las que se encuentra relegada su clase social. ‘Colegas’ destaca por la buena química entre su trío protagonista y su aire de denuncia social recurriendo a temas tabú en la época como el tráfico de bebés o la prostitución masculina, pero huyendo al mismo tiempo de la sordidez. ‘Colegas’ también cuenta con una curiosa persecución a pie a través de las obras del actual complejo Azca, entre el madrileño Paseo de la Castellana y la calle Orense, que de nuevo vuelve a servir como pequeño viaje en el tiempo al Madrid de los primeros 80.

A partir de ‘Colegas’, la vida se empieza a torcer para sus participantes, pues durante el rodaje de esta película, todos ellos se aficionarán al consumo de la heroína, excepto Rosario Flores. De esta manera, Eloy de la Iglesia (el único que, bastantes años después, consiguió desengancharse) obtiene la inspiración para su siguiente película con J.L. Manzano. Se trata de la celebérrima El pico (1983), donde el director riza el rizo del escándalo contando la historia de dos amigos vascos pertenecientes a ambientes opuestos (uno es hijo de un político abertzale y el otro es hijo de un capitán de la Guardia Civil), unidos por su adicción a la heroína. Este sería prácticamente el único papel de Manzano donde no hiciese de chico de la calle. Sin embargo, no por ello su personaje resultaría demasiado ajeno a su realidad, pues al igual que el protagonista del film, Manzano estaba ya por entonces metido de lleno en el infierno de la heroína.

Tras ‘El pico’, De la Iglesia y José Luis Manzano repiten en ‘El pico II’ (1984), donde una parte importante de la trama tiene lugar en prisión, como una premonición de futuros eventos en la vida real del actor. Esta segunda parte se beneficia de una participación prolongada del amigo de Manzano, Jose Luis Fernández Eguia ‘Pirri’, con el que Manzano hace un duo singular y perfectamente complementario. El personaje de nuestro actor, triste y abatido, encuentra su perfecto opuesto y apoyo en el extrovertido ‘Pirri’. Es de esperar que sus roles en la vida real fuesen exactamente idénticos. De hecho, cuando dejan de estar juntos, la película sufre un bajón del que no se vuelve a recuperar, culminando con un insatisfactorio final que trata de cerrar un círculo que no hace otra cosa sino estropear la coherencia de la historia.

Tres años más tarde, De la Iglesia ofrece a su protegido su último papel protagonista en la exitosa ‘La estanquera de Vallecas’. En ella, Manzano hace pareja fílmica con el gran José Luis Gómez, actor cuyo físico encaja a la perfección con en el estereotipo del currito medio español. Como pareja, ambos tienen la química adecuada, aunque evidentemente el talento de Gómez eclipsa al propio José Luís Manzano, el cual ya muestra aquí secuelas visibles de su adicción (esa especie de histeria contenida del personaje, y el sudor antinatural que gotea de su cuerpo, por muy verano que sea en la película). De hecho, la voz que escuchamos en la película no es suya, sino de Fernando Guillén Cuervo, el cual tuvo que doblar al actor como consecuencia de sus problemas con la heroína.

En los años siguientes, la situación de José Luís Manzano no hizo más que empeorar. Por culpa de la heroína, se quedó sin dinero y sin ofertas de trabajo, de manera que acabó viviendo en la calle y mendigando, al mismo tiempo que enfermaba de sida. Pasó un tiempo en prisión como consecuencia de un delito de atraco, y finalmente, el 20 de febrero de 1992 murió de una sobredosis de heroína en el mismo descampado donde, tres años antes, falleció (también de sobredosis) su amigo de la infancia Jose Luis Fernandez Eguia ‘Pirri’. Manzano es uno de tantos símbolos de aquella parte de la juventud de los 80 que encontró en el ‘caballo’ un refugio a sus miserias personales, fruto de la vida en un entorno donde la palabra ‘futuro’ a veces no entra en el diccionario de sus habitantes. Ni siquiera él, que tuvo las mejores oportunidades para escapar de aquel mundo, pudo sobrevivir a la maldición de su propia ignorancia.

Nota del autor:  Como ha señalado un lector en la parte del post destinada a los comentarios, el dato de que Manzano murió en un descampado es falso.  Manzano murió en un piso próximo a la glorieta de Atocha, y que era propiedad de Eloy de la Iglesia según algunas versiones, aunque este último dato tampoco lo puedo confirmar. En todo caso, ofrezco mis disculpas por la información errónea.

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