Woody Allen: Filmografía (I)

Woody Allen - Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar

Filmografía Woody Allen: Introducción + Etapa cómica | Etapa Clásica | Etapa Manierista | Etapa de madurez |

En los días previos al estreno de Si la cosa funciona, vamos a hacer un recorrido por toda la filmografía de Woody Allen. Durante cuatro días nos acercaremos a cada una de las etapas de su carrera: la cómica o preclásica, la clásica, la manierista y la de madurez. El jueves completaremos este especial con la crítica de su nueva película.

El cine de Woody Allen en el tiempo

Al hablar de la carrera de Woody Allen, siempre se ha sostenido que ha tomado virajes bruscos en sus planteamientos a lo largo de los años. Sin embargo, nunca se han diferenciado una serie de etapas concretas en su trayectoria, delimitadas por unas películas determinadas que han supuesto giros importantes en su producción.

La idea que aquí nos proponemos es bucear en su filmografía para tratar de encontrar esas etapas y delimitarlas de la manera más concreta posible. Esto será difícil, ya que en el cineasta no ha existido una voluntad consciente de diferenciar esas etapas. Sin embargo, debido a los particulares avatares de su vida privada y profesional, su cine se ha ido configurando de una manera determinada, particular.

Ya puestos en ello, buscaremos caracterizar con mucha exactitud esas etapas. Para ello, nos asomaremos a todas y cada una de las películas que ha afrontado como director y guionista. A ellas sumaremos Sueños de un seductor que, aunque dirigida por Herbert Ross, está basada en una pieza teatral de Allen y tiene el inconfundible carácter de su cine. No se tendrán en cuenta otras películas en que su labor se limitó a la actuación (como La tapadera o Cachitos Picantes). Así mismo, queda fuera del análisis la primera película dirigida por Allen, What’s up, tiger Lily? (conocida en España como Woody Allen: El número uno). Se trata más que de una película de un experimento en el que Allen dirigió el doblaje que se realizó a una cinta asiática de acción y que permitió que se cambiara su argumento por otro más cómico. Nosotros preferimos fijar el inicio de su carrera en Toma el dinero y corre, en la que aparece por vez primera el habitual personaje alleniano que marcará su carrera no solo como actor sino como director y guionista.

Así que nos sumergiremos en una carrera cinematográfica que escribe una huella única en la posmodernidad cinematográfica. Nos fijaremos detenidamente en el cine que le influye con más fuerza en cada obra y veremos la relevancia que esto tiene en el devenir de su carrera.

ETAPA CÓMICA O PRECLÁSICA

La carrera profesional de Allen Stewart Koninsberg comienza cuando en su juventud escribe chistes para distintos periódicos. Años después entrará en el mundo de los comediantes stand-up, interpretando sus propios monólogos de humor en locales nocturnos neoyorkinos. Su éxito en esta labor le llevará a colaborar como humorista en diversos programas de televisión. Sus primeras experiencias cinematográficas le llegarán con la interpretación de un papel secundario en la parodia de la saga de James Bond Casino Royale (junto a Peter Sellers) y en la ya mencionada What’s up, tiger Lily?

En un principio Allen no tiene pensado dirigir su primer guión original de largometraje. Sin embargo, ante la imposibilidad de encontrar un director adecuado para el proyecto, Allen decide finalmente ponerse también tras las cámaras. La película es Toma el dinero y corre (1969), en la que interpreta a Virgill, un ladrón sin suerte ni en el amor ni en los golpes que realiza. La cinta, planteada de forma muy original como un falso documental sobre la vida del ladrón tiene su principal atractivo en la elaboración de los gags, a partir de los cuales gravita toda la construcción de la película (especialmente antológicos resultan el del violonchelo o el de la pistola de jabón). Y es que ya en la primera película estamos ante el rasgo principal que va a caracterizar a su cine de esta época preclásica Y esto es que todo se articula alrededor del humor. La historia se construye para que Allen saque a relucir sus dotes de cómico y para que los chistes funcionen. Y lo cierto es que lo hacen.

Para certificar lo dicho nos acercamos a su siguiente obra, Bananas (1971), realizada poco tiempo después (es de sobra conocido que Allen realiza una película al año, aunque hay excepciones). En este caso el trasfondo son las revoluciones que se están llevando a cabo por diversos grupos armados en algunas zonas de América del Sur. En una de estas guerrillas acaba Fielding, el personaje de Allen, por tratar de conquistar a una mujer. A pesar de lo que pueda parecer por el argumento, en la película no hay intención alguna de comentario o sátira política. Allen conjuga humor verbal y gags visuales en una película en la cual los chistes vuelven a ser lo importante. Va tomando forma su inagotable personaje de perdedor y vuelve a aparecer una historia de amor en la peripecia del protagonista. Aunque, al igual que en Toma el dinero y corre, esa trama romántica carece de toda complejidad y no es más que un complemento al humor.

Solo entendiendo la preeminencia de la risa en esta etapa de su carrera puede entenderse Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar (1972). En este caso estamos ante una película formada por varios gags independientes argumentalmente, y que solo tienen en común la temática sexual y el humor absurdo e irreverente (destacan el del médico enamorado de una oveja y aquel en el que Allen interpreta a un espermatozoide). Desprovisto de toda complejidad en su puesta en escena, Allen elude casi cualquier referencia intertextual. (Por su obra posterior sabremos que el director se está forjando una importante cultura cinematográfica, pero en una comedia alocada como esta no se puede ni intuir).

Con El dormilón (1973) aparecen las primeras críticas positivas por parte de analistas cinematográficos más serios. La comedia en este caso se construye aprovechando un universo similar al descrito por la novela de Orwell 1984. En este mundo futurista, Allen crea por primera vez una historia de amor más seria y lograda. Aunque lo que predomina por supuesto son los chistes. Y es que ver al neoyorkino como un robot futurista es sin duda lo más recordado, más allá de un lenguaje que empieza a estar mejor articulado.

Aunque realizada un año antes que El dormilón, es importante que mencionemos ahora la primera película en la que Allen introduce el cine ajeno en su obra, dándole un carácter profundamente posmoderno. Nos referimos a Sueños de un seductor (1972) que, aunque está dirigida por Herbert Ross, entronca perfectamente con el cine que hace Allen en la época e incluso introduce ciertos componentes temáticos que desarrollará en obras posteriores. En la película, Allan Felix (el personaje de Allen) es aconsejado en temas amorosos por nada menos que Humphrey Bogart (ataviado como Rick Blaine, su personaje en Casablanca). La cinta despega a partir de las referencias a la mítica película de Michael Curtiz, que se hacen más patentes hacia la parte final. Contemplando la película se observa que probablemente es lo más posmoderno que ha hecho Allen (y curiosamente no lo dirigió).

En 1975, dos años después de El dormilón (es significativo que pasara un año en blanco), Allen realiza Love and Death (traducida estrafalariamente en España como La última noche de Boris Grushenko). Es curioso que esta película sea desconocida para muchos ya que marca claramente una bisagra entre esta época y la que vendrá a continuación. Y es que, a pesar de que los chistes siguen siendo lo primordial (impagables los intentos de Boris de ser un buen soldado), Allen se destapa como un cómico con inquietudes tanto cinematográficas como filosóficas. El director rueda y monta las batallas a la manera de Serguei Eisenstein y deja por primera vez que Ingmar Bergman se cuele en su cine, dando presencia física a la muerte de manera similar a como lo hizo el sueco en El Séptimo sello. Por otra parte, sorprende el carácter claramente existencialista de las conversaciones que mantienen entre chiste y chiste Boris y Sonia (interpretada por Diane Keaton, su musa por aquella época).

De esta forma acaba la etapa puramente cómica del cine de Woody Allen. La importancia frontal de los gags, la construcción del personaje perdedor y miedoso y la historia de amor difícilmente correspondida son los pilares fundamentales sobre los que el neoyorkino ha construido estas películas. En ellas, es reconocible la impronta de los Hermanos Marx y de Buster Keaton. Sin embargo, Allen aún no ha encontrado ese cine que lo caracterizará, por el que se le imita y por el que la mayoría lo recuerdan.

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