Woody Allen y los hermanos Marx

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La admiración de Woody Allen por los hermanos Marx se palpa en muchas de sus obras. Podemos decir que de ellos tomó ese gusto por el humor surrealista que tanto agrada a sus fans (y que tanto detestan otros). Pero no contento con ello, Allen ha homenajeado a los Marx en varias de sus películas, especialmente a Groucho.

Woody Allen conoció a Groucho Marx en la vejez de éste, en la década de los ’70. Según el libro ¡Hola y adiós! de la periodista Charlotte Chandler, Groucho decía que Allen era el único humorista que valía la pena por aquel entonces. No era fácil recibir un elogio del abuelo Groucho, conocido por su carácter arisco, así que aquel chico de Manhattan debía valer realmente la pena. La admiración era mutua, ya que Allen no paró hasta convertirse en íntimo suyo e incluso llegó a entrevistarle para el libro de Chandler.

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Groucho falleció en 1977. Una década más tarde, Allen dirigió Hannah y sus hermanas, por la que ganó tres Oscar. En la escena culminante de la película, un neurótico depresivo interpretado por Allen reencuentra las ganas de vivir gracias a «unos alegres hombres que danzan y brincan sin que nada parezca importarles». Estos hombres son, por supuesto, los hermanos Marx. Y la película en cuestión es Sopa de ganso (1933).

En Días de radio (1987) encontramos otro detalle ‘marxiano’ en un film de Allen. Dos de los actores que prestan su voz a la banda sonora son Allan Jones y Kitty Carlisle, cantantes de moda en los años ’30 y protagonistas del mayor éxito comercial de Groucho, Chico y Harpo: Una noche en la ópera (1935).


Pero sin duda el mayor homenaje de Allen a los hermanos Marx es el que el director neoyorquino realiza en Todos dicen I love you, musical del año 1996 con un reparto de lujo (Edward Norton, Drew Barrymore, Julia Roberts, Alan Alda…).

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Vayamos por partes: para empezar, el título de la película es el de una canción que los Marx interpretan en Plumas de caballo (1932). Canción que evidentemente sale en el musical de Allen. Además, el personaje de Alan Alda es un seguidor apasionado de los Marx. Y la escena final ocurre en un baile donde todos los invitados van disfrazados de Groucho (excepto uno que va de Harpo); un baile donde tiene lugar una versión a la francesa de ¡Hurra por el Capitán Spaulding!, canción que Groucho entonó en El conflicto de los Marx (1932).

Por si esto fuera poco, acabaremos recordando las palabras que Woody Allen dedicó a Groucho Marx tras el fallecimiento de su ídolo: «Groucho es sencillamente único, del mismo modo que lo son Picasso y Stravinsky. Y creo que su desvergonzado desprecio por el orden establecido, basado en una falta absoluta de sentimentalismo, hará tanta gracia dentro de mil años como lo hizo entonces. Y por si eso fuera poco, consigue hacerme reír». Casi nada.

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