Castañas energía para el frío

En esta época del año, el olor a castañas asadas inunda todos los hogares. Este fruto seco, tan nutritivo como saludable, fue un alimento básico en la dieta de nuestros antepasados hasta la llegada de la patata y el maíz al continente europeo.

Las castañas por otro lado es un capricho que no pesa. Es el fruto más ligero, debido a que sólo un 2% de su peso corresponde a las grasas, una cantidad muy baja si se compara con el 64% de las nueces. Cada unidad aporta unas 14 calorías, algo menos de la mitad que una nuez.

Otro de los detalles que diferencia las castañas del resto de frutos secos es su alto contenido en hidratos de carbono complejos. Ésta es la razón por la que aportan energía de forma gradual y resultan saciantes. Dado su valor nutritivo, son un tentempié muy recomendable para niños, estudiantes, deportistas, etc.

Gracias a su contenido en fibra, el consumo de castañas ayuda a combatir el estreñimiento y a reducir la absorción de grasas a nivel intestinal, algo que resulta de ayuda en caso de colesterol.

Y ¿cómo comerlas? Crudas o asadas. Para que resulten más digestivas consúmelas asadas o hervidas, además son más fáciles de pelar y menos flatulentas. No obstante, son crudas como mejor se aprovecha su aporte en ácido fólico, de suma importancia en embarazadas y en personas con problemas cardiovasculares. En este caso, hay que masticarlas bien para facilitar la tarea del estómago.

Por otro lado, una docena de castañas asadas proporcionan la décima parte de la cantidad de potasio, un mineral que ayuda a regular la presión arterial, que requerimos a diario. El puré de castañas que se prepara cocidas y un poco de leche es un excelente acompañamiento de las carnes más ricas en sodio, como la ternera, la de cordero y la del pato.

Imagen | consumer

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