Vida después de la muerte

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Vida después de la muerte, es una creencia que cada vez gana más adeptos, procede de las religiones orientales arraigadas en el hinduismo, como el budismo, que el Dalai Lama su máximo representante define como la ciencia que estudia la mente.

Vida después de la muerte, implica una filosofía que concibe al ser humano como una conciencia en evolución;  la vida actual sería una más en el camino de la perfección y la herramienta para acceder al conocimiento es la mente, alojada en el cuerpo humano, que es el contenedor necesario para vivir en la tierra; esto es comparable con el traje que usa el astronauta  para salir al  espacio.

Así que creer en el Renacimiento introduce grandes cambios en la forma de pensar, empezando porque se acaba con la ansiedad de tener que hacerlo todo en esta vida, porque claro, nada más que dominar los diferentes artes: música, escritura, pintura, teatro, danza…., es tan amplio el espectro que en una sola vida no se puede abarcar.

A mi, me consuela pensar que, en la próxima vida, aprenderé a cantar, podré hablar en otros idiomas como árabe o chino, o quizás me toque ser famosa y una persona de éxito, porque  pienso que es complicado desarrollar todas mis aficciones en una sola vida.

Vida después de la muerte, da  fe en la  continuidad de la existencia personal, de modo que la muerte no es el final, sino una transición o periodo de asimilación de la experiencia anterior y la preparación para la próxima vivencia en la tierra.

Los que hablan de estas cosas, dicen que las condiciones de vida en el planeta tierra, son únicas en el universo y al estar enfocados en la materia, todas las acciones son muy difíciles, lentas y pesadas, por lo que supone  un gran avance en el camino del ser humano.

También cuentan que elegimos el lugar, la familia, el entorno, etc que necesitamos en la vida para recibir las enseñanzas que, nos correspondan en cada momento, de modo que nos asociariamos en grupos para ayudarnos en el aprendizaje, ya que tendríamos que  evolucionar todos juntos.

Cada persona tendría su función  en el conjunto, que solo ella puede realizar; el papel más díficil lo tienen los que juegan a ser malos porque habrían elegido la responsabilidad de estimular a otros para que cultiven y saquen lo mejor de sí mismos.

Los fracasos constituyen verdaderas lecciones y en muchos casos son el único modo de avanzar y de fortalecer al individuo que tiene tendencia a acomodarse a las situaciones y teme enfrentarse a nuevos retos.

El sufrimiento es  también un aprendizaje y una forma de evolucionar; nuestra cultura, enmarcada en los esquemas judeo cristianos, le da un valor especial al hecho de sufrir, pone su atención,  en la muerte y crucifixión de Jesús como símbolo de la vida en la tierra y relega a un plano secundario, el hecho de la resurección de Cristo que es un símbolo de la resurección de la carne, el renacer.

Buscar la felicidad en esta vida, se comprende mal; unos lo asocian con la riquezas materiales y otros lo creen incompatible con entrar en el reino de los cielos, lo que implica, arder en el fuego eterno, que es el culmen del sufrimiento; según estas creencias, es preferible sufrir en esta vida corta que  ir al infierno, por los siglos de los siglos.

Al creer que hay una vida después de la muerte aporta calma personal, se gana en responsabilidad  porque el juicio final es un autobalance, donde toman valor las acciones realizadas en beneficio de la evolución de la propia persona y de los demás; los errores, equivocaciones o daños causados a sí mismo o a otros quedarían pendientes de resolver en la próxima vida.

También se dice que,  una sola vida alcanza para conseguir la perfección.

foto.flickr

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