Estas son las trampas mentales que te impiden tomar buenas decisiones

Aunque cada día nos enfrentamos a decisiones nuevas. Lo cierto es que no siempre se analizan a fondo, porque hay ciertas trampas mentales que te lo impiden.

decisiones

Las buenas decisiones no siempre son aquellas que tomamos. En muchos casos, por mucho que nos planteemos las opciones, por muchas vueltas que le demos, y por mucho análisis que hagamos, nos equivocamos. Y está claro que no hay un manual para tomar las decisiones correctas siempre, pero desde luego, lo que te vamos a contar hoy te ayudará en todos los ámbitos. Así que si quieres mejorar ese aspecto de tu vida, deberías tomar nota de lo que te contamos a continuación.

De lo que vamos a hablarte hoy son de hábitos que tienes que comenzar a olvidar para tomar mejores decisiones. Está claro que cambiar costumbres no siempre es fácil, pero reflexionar sobre cómo pensamos es siempre un buen modo de hacer que las cosas vayan a mejor. Así que, si empiezas a estar harta de que las cosas no vayan como quieres, y quieres comenzar a notar cambios en tu vida, lo que viene a continuación te va a ayudar. ¡No te lo puedes perder!

Los cebos mentales que te impiden tomar buenas decisiones

Hay algunas cosas que has aprendido, y otras que te son innatas, que aunque no hayas reflexionado sobre ellas, te impiden tomar buenas decisiones. A continuación hacemos un análisis de las que más frecuentemente influyen en esas alternativas erróneas cuando estás entre dos ideas:

  1. Las cosas que damos por hecho: dar por hecho ciertas ideas o cosas puede ser un error a la hora de tomar una decisión. De hecho, lo mejor es preguntar antes que afirmar. Ten en cuenta que cada situación y cada persona son diferentes. En ese sentido, suponer algo por otras cosas que han pasado, porque lo has oído, o porque te lo parecía, te aseguro que no te llevará a ningún puerto seguro. ¿Qué tal si empiezas de cero de nuevo?
  2. Lo aprendido del pasado: éste es uno de los errores que más a menudo se cometen. De hecho, la experiencia pasada casi siempre marca el presente y el futuro de cómo te comportes. Sin embargo, no es seguro dar por hecho que las cosas funcionarán ahora como lo hicieron antes. Cada circunstancia es única. Cada persona es diferente. Por eso, juzgar las cosas con razonamientos anteriores puede estarte llevando a tomar decisiones poco adecuadas a la situación actual.
  3. Las causas y los efectos no son la misma cosa: otro de los problemas que suelen producirse al tomar decisiones están relacionados con confundir las causas y los efectos. Para decidir bien, hay que analizar las causas que te llevan a tomar esa decisión, pero hay también que analizar los efectos de ésta. Pero, entre tanto pensar, puedes acabar liándote entre unos y otros y confundiendo el sentido de lo que deberías hacer. ¿Sabes cuál es mi mejor truco? Apuntarlo en un listado en el que te asegures que cada cual ocupa su lugar. Así, será mucho más fácil pensar.
  4. La información ilimitada es tu peor error: pese a que gracias a Internet tenemos un montón de información de todo tipo que nos puede ayudar a mejorar cientos de cosas, lo cierto es que las personas indecisas suelen escudarse precisamente en eso para no seguir avanzando. Así, si tienes dudas, buscas información para solucionarlas, pero resulta que aparecen más dudas, y sigues necesitando más información ¿Cuándo vas a tomar la decisión? Puede que marcarte un calendario sea lo mejor que puedes hacer.
  5. Datos e intuición deben ir de la mano: está claro que las decisiones racionales suelen ser las mejores. Sin embargo, ese sexto sentido que tenemos, esa intuición, te puede ayudar cuando éstas no sean suficientes, o para darte cuenta de cosas que quizás antes no sabías que querías. Lo ideal para tomar una buena decisión es encontrar el equilibrio entre ambos factores.

Como ves, no es tan difícil darle un par de vueltas más a las cosas y centrarte en todos estos detalles que te hemos mostrado en el listado anterior para conseguir mejores decisiones. Al principio tendrás que tener la lista escrita en algún sitio, o a mano para no olvidar ninguna de estas ideas. Pero, a medida que la pongas en marcha, te aseguro que el proceso se convertirá en automático. Y harás mejor las cosas. ¡Qué no es poco! ¿No te parece?

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