Ser realistas sin perder el optimismo

Tener una actitud positiva no sólo nos hace sentirnos más felices, sino que, además nos ayuda a resultar más eficaces en todas las áreas de la vida.

optimista

El optimismo bien entendido consiste en mantener el equilibrio entre un estado de ánimo positivo y una concepción realista de la vida. Es tener una mirada educada para saber descubrir lo mejor de cada alternativa. Por lo tanto no se trata de esperar a que todo vaya bien sin más. Es más, las personas optimistas suelen ser más perseverantes, superan mejor las dificultades y tienen un mejor control de su propia vida.

No nos debería sorprender que recientes estudios ha demostrado que existe realmente un gen del optimismo, es decir, una predisposición genética a ver las cosas de una forma más positiva. Esto no quiere decir que las personas que no dispongan de este gen estén predispuestas a verlo todo negro. El cerebro sabemos que es muy adaptable, y si nos esforzamos por enviarle constantemente señales positivas, lo reprogramaremos.

Si eres de las personas que por naturaleza no puede encontrarle el lado positivo a las cosas o situaciones, y aunque te inclines a ver la botella medio vacía  puedes aprender a ser más optimista con unos sencillos trucos que te permitirá al menor ser más optimista. Aunque la primera regla a seguir es confiar en tu capacidad para solucionar los problemas, sin engañarte. No es que los problemas no existan, pero si los afrontas con confianza, serán más fáciles de superar.

Las personas pesimistas tienen una gran tendencia a pensar únicamente en los malos momentos. Para invertir esta costumbre, escribe en un diario todas las experiencias positivas que has vivido durante el día. De esta manera aprenderás a focalizar tu atención únicamente en los aspectos más satisfactorios de tu vida. Después la mejor terapia para el cerebro es hablar con entusiasmo de tus aficiones, de las personas que aprecias, de lo que te gusta. Si lo haces, te sentirás mucho mejor y transmitirás una imagen de optimismo y alegría.

Pon freno a tus pensamientos negativos. Si esa vocecita interior que siempre está poniéndote trabas. Cuando te salte alguno de ellos, analiza de forma objetiva. De esta manera podrás saber si se trata de un pensamiento automático o si verdaderamente tiene lógica. Por otro lado, si has pasado un mal día, en lugar de cerrarte en ti misma, intenta aliviar tu bajo tono vital realizando una actividad que te proporcione satisfacción.

Y sobre todo, cuando tengas esos momentos de ‘bajón’ céntrate en los momentos felices, en situaciones de tu vida especialmente agradables. Antes estos estímulos felices, tu cerebro reaccionará y será capaz de proporcionarte un estado de ánimo positivo. Este es el mejor modo de saber salir de la zona negativa a una actitud positiva.

Imagen | Libertinus

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