Valora lo que de verdad te importa

Comenzaré diciendo que prestar demasiada atención a lo que no merece la pena resta fuerzas. Si dejáramos de preocuparnos por muchas cosas en definitiva veríamos realmente que no es tan importante y con ello nos ahorraríamos más de un problema.

Valorar lo sucedido y ver hasta qué punto se interpone en nuestro camino o afecta a lo que realmente nos importa en esta vida, nos evitaría muchos quebraderos de cabeza innecesarios. ¿De verdad es tan terrible eso que te ha pasado? Si la respuesta es afirmativa es que lo que ha sucedido no es tan terrible o que, al menos, tienes suficientes motivos para sentir cierto alivio.

Las preocupaciones y consumen nuestras energías y nuestro valioso tiempo. De ahí la necesidad de aprender a activar el botón de ahorro energético interior. Es fundamental que sepas lo que es prioritario para ti, para que sólo aquello que desestabilice los pilares alrededor de los cuales gira tu vida sea un motivo real de preocupación.


Para relativizar hay que quitar hierro al asunto que mantiene nuestra mente ocupada. Una forma de conseguirlo es verlo desde fuera, como un espectador. Desde esa posición, será más fácil llegar a la conclusión de que ‘no hay mal que cien años dure’.

Convéncete de que no eres la primera persona ni seguramente la última que pasa por ese problema y busca a tu alrededor referentes que puedan servirte de ayuda. También va muy bien hacer un poco de memoria. Probablemente, no sea la primera vez que te pasa algo similar y ahora, no tiene por qué ser diferente.

Nada de ir de victima. Si las buscamos siempre habrá razones para no estar contenta porque la insatisfacción, la ambición, etc, son un pozo sin fondo, pero hay que hacer un esfuerzo por ver la parte positiva de las cosas. Siempre hay tonalidades incluso para los problemas, no tienen que ser todos o blancos o negros.

Además, si pensamos que nuestro bienestar depende del hecho de vivir en pareja, de ganar más dinero, de tener una casa en propiedad, etc, nos estaremos poniendo palos en las ruedas. Cuestionar las cosas que damos por supuesto nos ayudará a relativizar.

Y es que, desear más de la cuenta solo nos lleva a una obsesión que cuando no lo conseguimos nos hace no valorar lo que realmente tenemos.

Imagen | Ana _Rey

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