3 mitos desmontados sobre agresores sexuales

Están muy presentes en los medios de comunicación. Cada vez tienen mayor exposición esas historias en las que se agrede sexualmente a una mujer. Hoy desmontamos los mitos sociales que se crean sobre los agresores.

agresion sexual

Las agresiones sexuales se cuelan muy a menudo en la realidad informativa de nuestra sociedad. De hecho, nos hemos escandalizado con las denuncias interpuestas en los últimos meses. Con casos como el de la múltiple agresión de los San Fermines. Sin embargo, no solamente esos que vemos en las noticias son casos de agresiones sexuales. Hay muchas más de las que llegan a la opinión pública, incluso muchas más que las que tienen un hueco en las comisarías. De hecho, ¿hasta qué punto un piropo de esos mal llamados de obrero no es una agresión porque cosifica a la mujer? El machismo impera, y es difícil ponerle remedio sino es con mucha valentía.

Sin embargo, cuando nos referimos al término agresores sexuales, podría parecer que son personas que se delatan a sí mismas con sus acciones. Personas dominantes, agresivas quizás, que apenas tienen componente humano posible. La realidad, y la ciencia han demostrado que esta teoría tiene muy poco fundamento. Los peores agresores sexuales de la historia tenían una vida aparentemente normal y su propio entorno les describía como personas maravillosas. Es más, la estadística demuestra que no están locos, ni tampoco sufren demencia. La mayor parte de ellos hace lo que hace por poder, y se justifica a sí mismo sabiendo que está mal.

Características “de libro” de los agresores sexuales

Como cualquier otro comportamiento que dañe a un tercero, no hay una única dinámica en los agresores sexuales. Sin embargo, la investigación ha demostrado que en un alto porcentaje de los casos actúan bajo parámetros semejantes. Y precisamente a esas similitudes me refiero a continuación, desmontando de paso los mitos que muchos se creen a rajatabla y que les impiden ver la realidad de las cosas. Los agresores sexuales no llevan un cartel que pone Bestia en la frente, y por eso son capaces de actuar en muchas ocasiones convenciendo a las víctimas de su buena fe.

  1. Los agresores no están enfermos: pese a que en muchos de los juicios que vemos en la TV se intenta apelar a una enagenación mental transitoria, o a otro tipo de enfermedades psiquíatricas para intentar reducir las condenas, la mayor parte de los agresores no están enfermos. Es más, según expertos en la materia, saben lo que hacen en todo momento. Es decir, no tienen problemas para distinguir entre el bien y el mal. Y sí son conscientes de que lo que hacen no está bien. Sin embargo, se justifican a sí mismos con argumentos como que hay más gente que lo hace y se van creciendo a medida que aumentan sus agresiones. Es un ciclo del que es difícil escapar, y por ello los especialistas insisten en que requieren de tratamientos y de ayuda. Más allá de la condena que la ley les obligue a cumplir.
  2. Empoderamiento a base de cosificar a la mujer: aunque no pretendo de algún modo justificar a un agresor sexual, sea cual sea, sí que es cierto que nuestra sociedad -por desgracia- cosifica a la mujer. La convierte en un cuerpo. La deja sin alma y casi sin poder para decidir. Aunque las cosas han cambiado mucho, todavía la igualdad está muy lejos de ser alcanzada, y las tesis de que está bien menospreciar a una mujer por serlo es aún muy común. Precisamente a ese argumento social es al que se agarran. Y obtienen beneficio a base de cosificar a las mujeres. Se hacen grandes haciéndoles daño. Su único objetivo es humillar para sentirse mejor. Generalmente, este mecanismo funciona marcado por problemas en la infancia. Pero, tras la agresión, se vuelve a sentir ira y rabia, y eso lleva a que se sigan cometiendo atrocidades.
  3. Sí se pueden curar y reinsertar en la sociedad: la reinserción es un hecho. Es más, yo particularmente creo que todas las condenas relacionadas con agresiones sexuales deberían combinar la pena de cárcel que les corresponda por sus delitos con una adecuada terapia. No hay que elegir entre lo uno y lo otro. Deberían ser obligatorias ambas cosas. Y la terapia no debería permitirles volver a la sociedad hasta que estén completamente recuperados. Sino, nos arriesgamos a soltar a individuos como el que violó y casi mato a una mujer estando de permiso. Y eso sí que es un problema.
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