¿Cómo era la vida íntima de las abuelas?

El sexo actualmente ha dejado de ser un tabú. Sin embargo, no todas las generaciones lo han vivido así. Analizamos algunas de las experiencias de las que hoy en día son abuelas.

sexualidad abuelas

Hablar de sexo hoy en día, es algo bastante habitual. De hecho, la mayor parte de los tabúes que se tenían antes han desaparecido. Al menos, los más fuertes. Es cierto que todavía nos cuesta sacar el tema en según qué contextos. Pero no se puede negar que ha habido una brutal evolución sobre el cómo eran las cosas. Precisamente sobre ese tema, hay un artículo en El País que me ha inspirado para traerlo a la portada de nuestro blog Centro Mujer. En él se le da voz a tres mujeres que tienen edad para ser abuelas -y lo son-. Pero lo de abuelas es más bien un concepto para entender ese cambio de generación. Esas mujeres que tienen más de 70 años y para las que el sexo nada tiene que ver con lo que es en la actualidad.

Cuando se habla de sexo ahora, se entiende que es una cosa de dos. Es decir, tanto la mujer como el hombre obtienen placer del encuentro mutuo. A ello hay que sumarle que hay muchos otros tipos de sexo. El sexo entre personas del mismo sexo. El sexo oral. El sexo anal. O incluso, por qué no, el sexo telefónico o el sexo por Internet. Sin embargo, si nos centramos en las abuelas, para ellas el sexo era algo que no se sabía hasta el matrimonio. Y, a partir de ahí, la mayor parte de ellas lo entendían como un miedo, como algo que solo se hacía cuando al marido le apetecía. Tal era la ignorancia de las cosas más básicas del ser humano que, muchas de ellas, sentían miedo al ver un pene erecto.

El gran cambio: la educación sexual

Una de las abuelas protagonistas del artículo que he citado anteriormente hablan de cómo en su época, la educación estaba tan restringida que cuando tocaba dar la lección sobre el aparato reproductor masculino, las avisaban para que al día siguiente no fueran al colegio. ¡Es en serio! Y no han pasado tantos años. Ahora, los niños aprenden -si las reformas educativas no lo impiden- muchas cosas sobre educación sexual. Saben cómo somos, saben cómo funcionamos y, lo más importante, están educados en la igualdad. Además, otra cuestión clave es la de los embarazos no deseados. Hoy los adolescentes son conscientes de que hay que tomar precauciones para evitar un embarazo. En la época de las abuelas, no existían, y las primeras en probarlos cuentan anécodtas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.

De hecho, otra de las protagonistas explica que uno de los métodos anticonceptivos que usaban era el de introducir una aspirina en la vagina y apretar. Más adelante llegarían unas pastillas, que recibían desde Francia, y que también debían ser colocadas en la vagina para “dicen que evitar” la concepción. En realidad, la marcha atrás era de los más habituales cuando la pareja no quería tener hijos. Pero como bien sabemos, la fiabilidad del método no es demasiado elevada. Así que, no quedaba más que aceptar todos los hijos “que Dios quisiese mandar”

La sexualización de la sociedad

Antes, y no hablamos de hace 200 años, sino de hace poco menos de 50, la mujer era entendida como un problema desde el momento en que tenía la menstruación. A partir de entonces debía cuidarse con unos métodos que hoy en día nos resultan absurdos. Nada de mantener contacto con hombres que no fuesen de la familia. Ya se encargaba la propia Iglesia de delatarlos, tal y como cuenta otra de las protagonistas cuando la vieron salir con chicos del colegio con tan solo 12 años. No había nada de sexual en aquello, pero los mayores lo prohibieron. Aunque en la Iglesia también los había de los que abusaban del mando. Uno de los curas de religión les decía a las alumnas que fueran a su despacho a recoger las notas. La mujer que recuerda aquella historia dice que la acompaño su padre. Pero deja entrever que los abusos a menores no son cuestión única de nuestros días.

Cuidar el virgo, ser una mujer de bien, hacerse respetar… Todo eran meras caretas para convertir a la mujer en algo puro, aún a pesar de los sentimientos que pudiesen tener. La mayoría de las abuelas apenas rozaron palabras con sus maridos. Y es verdad que la mayor parte de los matrimonios duraron. Eso sí, no sabemos bien a pesar de qué cosas. Porque si apenas has podido conocer a quién fue el padre de tus hijos. Si jamás le has visto desnudo. Si jamás te has atrevido apenas a robarle un beso. Y si todo se vio después de casarse, son muchas las cosas que se han quedado de puertas para adentro. Pesares sobre todo.

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