El año que trafiqué con mujeres, de Antonio Salas

La trata de blancas es la esclavitud del siglo XXI y el periodista Antonio Salas lo sabe por experiencia. A través del libro El año que trafiqué con mujeres, Salas se adentró en el infierno de la prostitución ilegal. Un texto demoledor sobre una realidad mucho peor de lo que todos imaginamos.

El año que trafiqué con mujeres es el segundo libro del desconocido periodista conocido bajo el seudónimo de Antonio Salas, publicado en 2004 tras el éxito de Diario de un Skin. En cuestión de días, Salas levantó ampollas entre lo más granado de la prensa del corazón, todo el mundo quiso saber quién era la famosa Top Model que se vendía a más de un millón de pesetas la noche. O la presentadora que respondía a las inciales M.S., o aquella otra que era parte constituyente de una red de prostitutas de alto standing. Los hombres, según el libro de Salas, pagan más por las mujeres públicas, pudiendo llegar hasta los casi cuarenta mil euros (unos seis millones de pesetas).

La prostitución, una realidad encubirta

Sin embargo, lo que Antonio Salas desgranaba en su libro era una realidad social, económica y humana que se alejaba totalmente de la anécdota y que se erige aún hoy como uno de los mayores males de nuestro país: el mercado de la carne, la trata de blancas, la prostitución ilegal. Haciéndose pasar por un gran propietario de salas de alterne, el periodista se infiltró en todo un sistema de intrincadas relaciones cuyas ramificaciones llegan incluso hasta la política de extrema derecha.

En el libro se tratan diferentes aspectos de la prostitución, desde las mujeres callejeras que soportan horas y horas de intempestivas condiciones por unos cuantos billetes, hasta llegar a las meretrices de lujo que hacen las delicias de toreros, políticos o grandes empresarios. Sin olvidar a las inmigrantes ilegales o a las universitarias que se pagan sus caprichos acostándose con hombres. Uno de los temas más peliagudos es la cuestión de la trata de blancas. El propio Salas llegó a negociar la compra de prostitutas mejicanas de entre 10 y 14 años de edad con un proxeneta sin escrúpulos. Como vemos, en nuestro país la prostitución no solo es sinónimo de placer al portador, sino también se relaciona con toda una red de delincuencia y de violación de los derechos humanos más fundamentales.

Portada del libro

Antonio Salas demuestra que no hace falta ir a Rumania, a Méjico o a Camboya si se quiere encontrar una red de delitos sexuales tan flagrantes como los que aquí te hemos descrito. En este país, que pretende ser parte de una Europa libre y desarrollada, todavía hay quien trata a las mujeres como mera carne fresca. Es más, se comercia con la vida de niñas y de inmigrantes engañadas, que nunca dieron su consentimiento para que un proxeneta las introdujera en el infierno de la prostitución. Mientras todo esto saltaba a la palestra, los medios de comunicación seguían preocupándose de quién narices era M.S.

Fuentes: El Mundo; Antoniosalas.org

Rostro chica por Sette en Flickr

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