El proxenetismo

En esta entrada analizamos lo que está detrás del proxenetismo y las diversas formas de este.

La prostitución puede tener muchas ópticas. Hay quienes la consideran el más bajo de los oficios pues denigra la condición humana de la persona. Hay otros que la consideran un trabajo más que ha surgido en el contexto de las desigualdades y la falta de oportunidades y hay otros que simplemente no la califican ni la descalifican. En lo que si hay más o menos consenso es en la reprobación del proxenetismo. El proxenetismo se lleva a cabo cuando una persona saca provecho económico de otra al prostituirla. Ciertamente existen varios escenarios. Por ejemplo cuando el proxeneta fuerza a la otra persona a prostituirse. En este escenario pueden darse figuras tan agravantes como el secuestro, previo al acto de proxenetismo. También existe la figura de la prostitución de menores de edad, lo cual es muy común en varios países del mundo y se da cuando un proxeneta obliga a un menor de edad a ejercer este oficio. En algunas ocasiones resulta ser un familiar del menor afectado. También se puede citar el caso de la esclavitud en el que los proxenetas no le reconozcan ningún beneficio económico a la persona que están prostituyendo.

Imagen tomada de Flickr por 6uy

Todas las figuras descritas en el párrafo anterior constituyen serios agravantes del delito de proxenetismo. Sin embargo, aún existen muchos países en los que el proxenetismo no es objeto de sensación penal salvo figura agravada. En otros países en cambio, ningún tipo de proxenetismo, consentido o no, se salva de la sensación. Un ejemplo de país contemplativo podría ser España y un caso de país estricto podría ser Francia. Pero como acabamos de mencionar, también existe la figura del proxenetismo consentido en la que la prostituta, busca el apoyo de un Gproxeneta.

Generalmente esto se da en la prostitución callejera en la que la prostituta presenta una especial vulnerabilidad tanto a nivel laboral como a nivel sexual por parte de sus potenciales clientes. Generalmente, ésta busca los servicios de un proxeneta que sea un familiar o amigo cercano para que ejerza una labor de vigilancia y protección de la misma en caso de cualquier eventualidad durante el desempeño de su oficio. Vemos entonces que la figura legal se complica para el accionar de las autoridades.

El proxeneta sabiendo esto, busca que cubrirse las espaldas y muchas veces lo encontramos trabajando bajo la figura o fachada de un prostíbulo. Se supone que el prostíbulo es implementado por un grupo de prostitutas que ya no desean trabajar en la calle. Sin embargo, los dueños de estos locales son en su mayoría grandes proxenetas que han hecho de la prostitución un negocio de vida, bien establecido, con horarios y sueldos. Otros incluso son dueños de más de uno de estos locales, entrampando más el asunto legal. Incluso algunos tratan de hacer méritos presentando credenciales de salubridad y mecanismos o documentos que buscan avalar su negocio. En este punto podemos traer a escena la figura del marketing. En efecto, al ser la prostitución un negocio más, no queda excluida de la figura de la tercerización, algo contra lo que muchos gobiernos luchan en busca que eliminar opresiones laborales. Y es que la tercerización, trae consigo, implícita y enmascaradamente, la figura de la explotación laboral. No es que la tercerización sea mala en sí misma, el problema es que muchos ven ella la manera más rápida de obtener ganancias y en el proceso pueden ofuscarse, haciendo que sus subcontratados queden mal pagados en beneficio de aquellos.

Imagen tomada de Flickr por kved

El proxeneta ve más allá de la simple operación de compra y venta de un servicio y de hecho este negocio es tan antiguo como la prostitución misma. Las personas con el espíritu del negocio a flor de piel, vieron en la prostitución –desde hace siglos- un negocio más, susceptible de incorporar intermediarios que cobraran una comisión por conseguir clientes. En el camino se fueron incorporando valores agregados como la protección de la prostituta pero pronto los malos elementos vieron que la esclavitud era una forma sustancial de obtener casi el 100% de las ganancias y haciendo rodar la moral por el piso, dieron inicio al lucrativo negocio. Es de sentido común y además de carácter innegable, que el candidato natural a regular estas actividades es el Estado por su esencia misma de protección de la persona y de su condición como tal. El problema puede venir aparejado cuando grandes intereses se ocultan detrás y los empresarios proxenetas tienen “altos contactos”. Sin ir muy lejos está el caso de la matrona de alto vuelo que fue encontrada muerta hace algunas semanas y que se sabía era la “surtidora” de gente muy importante del gobierno de ese país.

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