Sobrevivir y convivir con la familia política

Elegimos a la persona con la que queremos compartir nuestra vida, pero no a su familia. Esto significa que, aunque es deseable y preferible tener una relación positiva y cercana con la familia política, no tenemos por qué sentirnos obligados a forzar un vínculo con ellos, sobre todo cuando nos generan más emociones negativas que positivas. Se puede llegar a acuerdos con la pareja, en los cuales se respete el derecho a no querer ser “un hijo más para la suegra o el mejor amigo del cuñado.”

cartel suegrasTodo el mundo alguna vez ha escuchado chistes o comentarios en los descansos de la oficina sobre suegras que se presentan en casa sin avisar o cuñados a los cuales se evita a toda costa en las reuniones familiares. Y es que uno elige a su pareja, pero no la familia de ésta, con lo que en el lote pueden ir incluidos determinados parientes que provocan urticaria con sólo oír pronunciar su nombre. Son todos aquellos que se inmiscuyen en tus problemas de pareja, te manipulan hasta que accedes a prestarles dinero, les invitas de vacaciones a tu apartamento o firmas un contrato de por vida que te obliga a ir todos los domingos a comer paella a su casa, sin excepción (salvo excusa por enfermedad).

-«Si yo sé que tu madre habrá hecho esas cortinas con floripondios rosas con mucho cariño, pero ¿por qué tengo que ponerlas yo en MI salón?- pregunta ella conteniendo su ira.
-«Yo no tengo la culpa de que el marido de tu hermana sea un incompetente al que echan de todos los trabajos, pero ¿por qué tengo yo que contratarle y verle la cara todos los días?- interroga él a punto de estallar en un ataque de nervios.

Diálogos que apuntan todos al mismo tipo de respuesta: «pues porque es familia, hombre, ¡haz un esfuerzo!», como si efectivamente fuera un peaje que hay que pagar para representar una armoniosa y modélica familia. Sin embargo, ¿dónde está escrito que esto tenga que ser así?, ¿qué tipo de deberes se contraen con el cónyuge para verse obligado a hacerse el mejor amigo del hermano o pasar todos los sábados comiendo pastitas junto al brasero de la tía Enriqueta?. El hecho de verse forzado a realizar este tipo de visitas por sistema, o sentirse coaccionado a simpatizar con alguien que no nos cae bien, acaba alimentando la ira detrás de una falsa sonrisa, hasta que un día se explota de forma violenta, descalificando a dichos familiares en mitad de una conversación.


Lo más recomendable es llegar a un acuerdo con tu pareja sobre este tema si no tienes feeling con tu familia política. Son sus familiares, luego puede ir él/ella a visitarlos y tú incorporarte un rato después o ir una vez sí y otra no por ejemplo, puesto que una pareja no es un tándem inseparable que tenga que ir a todos los sitios juntos. Es bueno hacer cosas por tu pareja, incluido el relacionarte con parientes suyos, pero si éstos te generan más emociones negativas que positivas, tienes derecho a decir NO en alguna ocasión.
Los familiares de tu pareja no tienen por qué parecerte admirables o simpáticos, ni tú a ellos. Si terminan siendo como de tu familia o convirtiéndose en tus amigos ¡fenomenal!, mas no tiene por qué ser así. Puedes preferir llevarte cordialmente con ellos, pero no hasta el punto de que eso se transforme en una necesidad imperiosa que os acabéis imponiendo mutuamente, sintiéndote falso, incoherente y cohibido.

Este tipo de situaciones por cotidianas que se presenten son una de las fuentes principales de problemas que experimentan aquellos que viven en pareja. A veces la familia política no es la causa, pues aparece en escena después de las disputas conyugales, pero acrecienta sobremanera las diferencias, o sea, que llega para «echar más leña al fuego»:comida familiar

«¿A tu madre qué le importa si yo salgo mucho o poco?. ¿Qué le has debido de contar que me ha dicho en la cena que te tengo abandonada, y que eso no es de buen marido?».
-¿Qué historias le has contado a tu hermano que me ha dicho que no te dejo ir a jugar con él al tenis, cuando lo que te pedí es que me ayudaras a acostar a las niñas alguna noche?»
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Esto ocurre cuando tras acaloradas discusiones de pareja en las que circulan reproches por doquier, terminas dando un portazo y llamando por teléfono apresuradamente a tu madre, hermano etc., para contarle con todo lujo de detalles y en pleno enfado las injusticias que tu pareja te ha podido hacer. Como es fácil de suponer, tu familiar que está al otro lado del aparato y escucha cómo su hij@, sobrin@ o herman@ sufre, no tardará ni dos segundos en arremeter contra tu compañer@, porque por muy objetivo que pretenda ser es inevitable que tome partido por el que es de su sangre y se queja en un momento de gran aflicción. Esto hará que las siguientes veces que os volváis a reunir todos juntos, tu pariente se muestre desconfiado y juzgue severamente a tu pareja, recordando todo lo que le vertiste en esa conversación, pese a que tú le expliques que fue un enfado y lo que pasó pasado está.

Por eso, es recomendable que los conflictos de pareja no se cuenten a terceros en un contexto de nervios, pues será fácil exagerar, dramatizar y además no tener presente la versión o postura del otro. Lo ideal sería dejar que transcurriera el instante de ira y desahogarse con el resto cuando se esté más sereno y racional, para que seamos más neutros a la hora de expresar lo sucedido. De hecho, el mismo acontecimiento narrado a los 2 minutos, a las 2 horas o a los 2 días cobra matices muy distintos, ¡haz la prueba!.
Otra opción es recurrir al apoyo de un amigo que no mantenga un vínculo igual de estrecho con los dos miembros de la pareja, pues puede sentir que se le coloca en una incómoda posición de deslealtad.

Foto1: Dalush
Foto2: gitanarocío

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