Descubre el enoturismo

El proceso de elaboración del vino, desde el cuidado de los viñedos hasta su envejecimiento en la bodega, se ha convertido en los últimos años en atractivo turístico. Estamos hablando del Enoturismo, el nombre con el que se ha bautizado al turismo vinícola y que en la actualidad no sólo vive su mayor momento de auge sino que, por fin, un grueso importante de la población está comprendiendo por qué se considera ya un elemento aspiracional. Ahora ya no hay suficiente con catar y apreciar el vino, ahora hay que conocerlo desde sus propias entrañas para traspasar el límite de un simple y mero sorbo y llegar a entender porque su proceso de elaboración se considera un verdadero arte. Es decir, que beber un vino Ribera del Duero o Rijo ya es algo más que placer gastronómico, una tradición de fuerte arraigo histórico o incluso un profundo valor cultural. El vino ya es arte.

Las rutas del vino pretenden adentrar al visitante en la cultura que rodea al turismo vinícola.

Precisamente por ello, porqué las grandes bodegas de las denominaciones de origen se están erigiendo en museos y catedrales, el vino interesa ahora más que antes a pesar de haber existido siempre. En efecto, el líquido conseguido tras la maduración de la uva ha existido desde hace tiempos inmemoriales. Sin embargo, es ahora cuando grandes genios de nuestra época como los arquitectos Richard Rogers, Norman Foster o Calatraba están transformando las bodegas en auténticos Santuarios. Esa es la gran diferencia.

Las rutas del vino pretenden adentrar al visitante en la cultura que rodea al turismo vinícola. Sin embargo, su objetivo no es que el turista dé una vuelta por los viñedos y las bodegas para acabar catando algún que otro vino. Su objetivo es que el visitante aprenda por qué se diferencia tanto entre sí un vino de una denominación y otro de otra, que descubra todos los mimos que reciben las cepas por parte de sus cuidadores para lograr sacar una mejor uva, o que sepa porqué una añada es mejor que otra. Tras una ruta del vino, el visitante debería conocer todos aquellos toques especiales que permiten a algunas bodegas conseguir vinos de auténtico lujo para el paladar y hacerlo en un espacio digno de ser admirado, en un entorno diseñado al servicio del vino por grandes genios de nuestra época.

De esta forma, el enoturismo va mucho más allá de ser “el turismo del vino”. En las rutas no se habla de vino; se habla de leyendas, de actitudes, de formas de vida y valores. Unos valores que se transmiten al optar por beber un Protos o un Muga. Tan simple y tan profundo como esto. En realidad, son muchas las alternativas enoturísticas que ofrece el panorama vitivinícola español. La Rioja constituye la ruta más asentada, la que goza de más años de recorrido. Y, por otro lado, la Ribera del Duero se considera ya la ruta que más interés está despertando día a día en los curiosos tras experimentar un crecimiento realmente notable en los últimos años.

En efecto, el reconocido arquitecto autor de la terminal T4 de Barajas, Richard Rogers, fue el diseñador encargado de proyectar la nueva bodega Protos de Peñafiel, en Valladolid, donde se ha ampliado su capacidad en espacio y producción sin rebajar la calidad que distingue a sus vinos. De esta forma, podemos decir que una botella de vino no es sólo una bebida sino que se ha convertido en un proceso de elaboración que marca diferencias entre calidades y precios. Conocer este proceso es resolver la incógnita de la ecuación del placer. Las Catedrales del Vino solo enseñan sus encantos a los que se atreven a visitarlas. Hay experiencias que bien valen una botella de vino y hay Bodegas que bien valen una experiencia.

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