El Imperio de los Sentidos

Esta es una película del año 1976. Terriblemente controversial fue censurada en varios países debido a su explícites y ser considerada una película pornografica a secas. Aclamada en Cannes su director ganaría dos años después La Palma de Oro con El Imperio de la Pasión.

CartelEsta es una película rodada en 1976. Escrita y dirigida por Nagisa Oshima figura como una coproducción Francesa Japonesa. Estamos hablando de una de las películas más controversiales de, tal vez, el entero Siglo XX. Protagonizada por Eiko Matsuda y Tatsuya Fuji aquí no podemos hablar simplemente de si las actuaciones son buenas o no (y, lo son; son excelentes) debido al trabajo físico que esta película necesariamente ha de haber implicado para los actores.
Considerada pornográfica a secas ha sido censurada en varios países. Actualmente lo está en Corea; y en Japón recién en el 2001 fue permitida su exhibición. La película llegó a Cannes y como un hecho sin precedentes se vio en la necesidad de ser proyectada 13 veces.
Siendo una coproducción de Oshima Productions (la productora del director), Shibata Organisation (Tokio) y Argos Films (París); con una fotografía mayormente cálida de Hideo Ito que se concentró en habitaciones, caras y cuerpos desnudos estamos hablando de una película que además se basa en hechos reales.
De cualquier forma Nagisa Oshima escribió la historia basándose en un par de novelas cortas de Ryotaro Shiba, escritor que goza/ba de cierta popularidad en Japón.

Una voz en off nos dirá: “Sada vagó alrededor de Tokyo durante cuatro días llevando en la mano” (…) Omito está parte para que no se devele tanto de la trama y… ¡Si!: Para que se genere más expectativa. “Quienes la detuvieron quedaron sorprendidos por la expresión de felicidad que irradiaba su rostro. El caso impresionó a todo el Japón y la compasión del pueblo hizo de ella una mujer extrañamente popular. Estos sucesos ocurrieron en 1936.”

Escena Fundamental

Aclaremos desde ya: Esta es una película de difícil visionado. No es para un público “popular”; no es para un público costumbrista, tradicional o para quien solamente vea películas de Hollywood o películas “Light”. Esta es una película pesada que muchos tendrán ganas de censurar; mientras que otros se verán obligados a ver y, muchos de estos, no sólo a respetar sino a alabar.

Estamos ante una adaptación de época. Nos situamos en 1936 en Tokio. Veremos a “la nueva” geisha en un burdel. Ella es Abe Sada (Eiko Matsuda) geisha, sirviente y prostituta.
A medida que la película avanza se hará propiedad (y propietaria) de su amo; el Sr. Kichi (Tatsuya Fuji). Incluso llegarán a tener una especie de matrimonio simbólico (que terminará en una fiesta orgiástica…).
Hay en ella una serie de escenas de sexo explícitamente rodadas que, desde la propuesta, fueron rodadas con el máximo naturalismo posible. No se eludirá en ningún sentido la puesta en imagen de genitales y desnudeces que veremos en planos largos mientras manos, bocas u otras partes del cuerpo (y partes no del cuerpo) rozarán, tocarán y gozarán.
Esta película podría pensarse como una tesis o (anti – tesis [no en un sentido hegeliano]) a la doctrina freudiana de la represión. De alguna manera se propone ir y chocar frente a las represiones.

De cualquier manera, no deja de ser una película conceptual con una profundidad abismal, lograda a través de un género que se piensa habitualmente para un público o una serie de situaciones determinadas…

Ama AmoEntre el Sr. Kichi y Abe Sada se dará una historia de amor, sexo y pasión sin precedentes que irá aumentando en alto grado a medida que se recorre el metraje. Estuve a punto de escribir: “Va subiendo el voltaje” y no lo hice de primera porque tampoco se da esto en la forma en que se podría pensar. Las relaciones sexuales se dan como un ritual hedonista que se ve en la necesidad de aumentarse progresivamente; pero sin que esto signifique un “¡Hoo Mirá hombre este espectáculo!”.
Es posible que sea incluso lo contrario. La relación de los protagonistas, que se irá viendo cada vez más enfrascada y hermética irá in crescendo pero frente a una serie de hechos que nosotros llegamos a vivir con cierta angustia; aunque sin que pare el deseo de saber lo que viene después, cómo se desenvolverá todo, e impresionados por una escenificación carnal que logra ser terriblemente humana y profunda.
Creo que asusta un poco el “develo” de algunas de las peores obsesiones que todos podemos tener como personas con una vida que implica responsabilidades y obligaciones diarias. No crean de cualquier manera que esto lo digo sólo por mi vivencia de la película; puesto que he tenido oportunidad de contrastar opiniones.
En fin; lo que quiero decir es que nos encontramos ante lo que yo considero una obra cinematográfica del más alto nivel, una obra de arte tremendamente profunda y explícita en su contenido.

Nagisa Oshima
Nació el 31 de marzo de 1932; estudió derecho en Kyoto y se licenció en 1954. Durante cinco años ofició de ayudante de dirección y trabajó en distintos films de otros directores.
A finales de los 50 surgió en Japón una “Nueva Ola” (así como en Francia la Nouvelle Vague o el Free Cinema Británico); de las cuales es él una de las figuras más representativas junto a, por ejemplo: Shoei Imamura. Esta “Nueva Ola” se caracterizó por apuntar a la “toma de consciencia” sobre la situación de posguerra (en la cual abundaba la represión y el militarismo) que vivió en los años en los que era pequeño y adolescente.
O sea, había una voluntad generacional de transgresión, que cristalizó en Oshima en la explicites de sexo y violencia; usados como medios de protesta con un fin determinado (no barata y sin sentido como estamos acostumbrados a ver).

El DirectorSe puede pensar en ella junto a “El último Tango en París (con la cual tiene sobrados elementos en común); con Crash de David Cronenberg (debido a la cuota de erotismo, violencia y destrucción que aquí aparecería relacionado a esos maquinarias llamadas autos); a Mentiras de Jang Sun Woo; y a Historia de O (al menos, a la novela; sino fuese porque Just Jaeckin hubiese arruinado la puesta en pantalla de lo que podría haber sido una de las grandes obras maestras del siglo XX).
Les comentaré que yo fui a verla ya sabiendo el final (por lo cual tengo la sangre en el ojo hacía una persona…) pero que, de cualquier forma no me ha evitado la vivencia y la impresión que está película me ha causado.
Apenas supe que la daban sabía que tenía que ir (en parte por una especie de “deuda” o “mancha” “cinéfila” personal) y en parte por ser una de esas películas terriblemente importantes.

En fin, señores… No sé si la debo recomendar o no; lo que si sé es que nos encontramos ante una obra monumental (como su nombre) que ha marcado un hito y que, posiblemente tenga una importancia difícil de medir; pero que es muy grande.

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