Princesas, prostitutas; mujeres.

Amor y frustración en el mismo envase. Para llorar, reirse y ser feliz.

Una historia que rodea el amor, el dolor, la resignación, las distancias. Dos mujeres unidas por un oficio. Un oficio que al ser el más antiguo del mundo reúne a muchas mujeres. Dos mujeres que corren a través de la vida que les tocó deseando atravesarla y llegar a una mejor.
Dos mujeres: Zule y Caye

Zule o Zulema, interpretada por Micaela Nevárez es una mujer latina que ha dejado su país, sus costumbre y principalmente, a su hijo mientras busca un futuro mejor en España.

Caye o Cayetana, plasmada en la piel de Candela Peña vive sola en un edificio en Madrid, todos los días almuerza con su familia y enfrenta las preguntas, los llamados a deshora; la realidad y todo lo que ésta lleva consigo.

Este film dirigido por Fernando León de Aranoa presenta el conflicto de los inmigrantes ilegales, la facilidad para entrar en un país como España, pero la dificultad para volver a entrar si uno sale.

Un conflicto que gira en torno del amor, del trabajo, y de cómo se hace cuando uno se cruza con el otro y se dan la mano tan fuertemente que no se pueden soltar. Una película para llorar, para entender, para sonreírse y para valorar la amistad, la libertad y la confianza en el otro y por sobre todo, en uno mismo.

¿Se puede tener nostalgia de algo que aún no ha pasado?
Una de las escenas más desestructuradas y más estructurantes de la película. Caye, sostiene que su vida es nostalgia, es melancolía de lo que no tiene, plantea que la nostalgia es añorar algo que uno conoce… Entonces pregunta, podemos añorar algo que no sabemos cómo es, pero ansiamos tanto conocer algo diferente a lo que conocemos, que añoramos algo…que quizás ni nos guste.



Zule, pelea por sus papeles, soporta golpes, peleas, sexo sin consentimiento, y demás por un hombre que le promete sus papeles, que le asegura protección y solo le demanda, le pide, le prohíbe y la lleva por un mal camino.

Estas dos mujeres, se enfrentan día a día a su destino, un destino que las lleva sin pasaportes a un futuro, que no desean.

Caye rompe nuestro alma diciendo: “No sé si hay un Dios, lo único que espero es que no haya otra vida… y que sea igual que ésta”. Luego de escuchar una frase así, las lágrimas empañan la imagen. Una mujer desahuciada de sus sueños, sin fé, camina, sabiendo que no va a llegar a ningún lado, corre, por acercarse más rápido al final, mide, para no quedarse demasiado corta, eso es vida. Esta frase, renueva la película, esa sensación de frustración que ronda la trama, que envuelve los hilos que mueven las protagonistas.

Y el amor, aparece como vanguardia, es un corte, una cuenta nueva, una puerta abierta a la esperanza. Caye conoce a un hombre y se cree enamorada, viaja y sueña con él, se divierte, pero amar es difícil cuando en cualquier baño, en cualquier parte aparece un cliente dispuesto a ofrecer cualquier valor por un segundo de sus servicios. Zule, bucea entre los golpes de un futuro falso que le promete su captor y entre tanto, se enamora juega, vive y se atreve. Pero ninguna de estas historias se cierran, sus vidas se truncan, el sentido del amor, es simple, casí fácil.

El amor es, que te pasen a buscar a la salida. Tan simple como eso. Y ellas, entienden que sus enamorados, nunca las pueden pasar a buscar por la salida. Ahí comprenden y se molestan. Caye en una escena, hace otro rol, se disfraza de vendedora y se mete en un local y logra…que la pasen a buscar por la salida.

Las escenas corren en la peluquería, centro de discurso, de diálogo, de pensamiento, de un grupo de prostitutas madrileñas que observan constantemente los movimiento de la plaza. En la plaza están las latinas, que según ellas, les roban los clientes. Caye, es miembro de la peluquería y observa a Zule, la reconoce, se encariña con ella, y se convierte en su amiga.

Caye ahorra para un operación, Zule se desarma en una cabina hablando por teléfono con su hijo, dos realidades tan diferentes que se unen y se hacen una sola. Dos verdades defendidas por capa y espada por dos mujeres de fierro.

Princesas, es una película para replantearse la vida, para pensar y para volverse alguien diferente al montón.
Existimos, porque alguien piensa en nosotros y no al revés. Ese es el mensaje de la película, es la esencia de estas dos mujeres en constante búsqueda, a veces sin medios ni recursos para ellas, pero con la fiel meta en sus mentes.

La música de Manu Chao, /me llaman caye, caye más calle/ me llaman siempre y a cualquier hora/ me llaman guapa siempre a deshora/ me llaman puta, también princesa/ me llaman caye, es mi nobleza/ me llaman caye
calle sufrida, calle perdida /de tanto amar.
Esta canción fue compuesta exclusivamente para la película por la reconocida banda. Se entremezcla con escenas claves de la película, como Zule intentando de conseguir clientela, o ellas dos bailando al compás en una noche en la que deciden salir a bailar.

Esa noche es interesante, y le da, de alguna forma un cierre a la película en donde las amigas bailan, se divierten, se entretienen y coquetean con dos hombres, camino abajo, conversan mientras sus muchachos se adelantan hacia los autos.
Caye le pregunta a Zule,
– ¿Pensás cobrarle al tuyo?
A lo que Zule responde, sonriendo.
– No, esta noche no somos putas, somos princesas.

Para ver el video clip del tema de Manu chao haz click aquí.

Puedes también ver el trailer de la película: http://www.youtube.com/watch?v=qzGStIdMs6M

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