El hombre se suaviza en Milán

El pasado sábado dio comienzo una de las citas internacionales más importantes del diseño para el hombre: la Semana de la Moda Masculina de Milán. Este año el evento tiene la mirada puesta en Asia, pensando así en los países emergentes como un posible salvavidas al importante naufragio que sufrió la industria italiana en los tres años anteriores, cuando la facturación cayó casi un 20%. El pasado 2010 tuvo un crecimiento, que se espera que se pueda mantener buscando mercados más allá de las fronteras europeas, ya que corto plazo no se confía en el aumento del consumo en nuestro continente.

Nuevos diseños se esperan para la Semana de la Moda de Milán

Con este escenario de fondo, no especialmente claro y soleado que digamos, se fragua la filosofía que tiñe todos los diseños presentados esta edición. Y es que la economía lo condiciona todo, también la estética. Algunos dicen que se trata de una especie de catarsis, de tratamiento de humildad, ante tanta opulencia mostrada hasta ahora. Los expertos apuntan a que los estilos que se ven este año ya no lucen esas puntadas que dibujaban armaduras, ni vestidos que parecen para agresivos ejecutivos pasados de moda. Dónde antes había intimidación en el look masculino, ahora hay calidez, suavidad, una soltura hacia el tacto. Parece como si la ropa presentada en Milán hablara de chicos que buscan la caricia y el abrazo. ¿El sentimiento se impone al razonamiento?

Sea como sea, las propuestas que nos han traído los mejores diseñadores a Milán hablan por si solas: las chaquetas parecen acortarse en Dolce&Gabbana, se tornan ligeras a manos de Emporio Armani, o Ermenegildo Zegna y Salvatore Ferragamo nos proponen un grito a lo sublime de lo imperfecto y la tentación por los colores gastados.

Thomas Maier, a su vez, estructuró toda su colección para Bottega Veneta alrededor de la textura. Cubrió así desde la mitad del cuello y hasta las muñecas, consiguiendo que el cuerpo mantuviera su sensualidad, mediante trajes que se pegaban como si de un mono se trataran.

El discurso predominante sería pues, pensar para hacer sentir. Y es que hoy todo exige mayor reflexión, también las emociones. Ermenegildo Zegna aspira a que los hombres abracen la seda -como ya hacen las mujeres- por el mercado textil que eso abriría. Para conseguirlo, la mezcla con resina y algodón. Crea materiales híbridos en una colección que apela a un romántico amanecer en la playa. Esta vez, la tecnología no se exhibe con orgullo como un fin. Al contrario, la innovación está al servicio de una vocación sensual y primaria.

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