Funda para bocadillos: el summum del lujo innecesario

Lekue acaba de inventar una funda para llevar los bocadillos que está hecha de silicona Platino y tiene una medida ajustada. Es más ecológica, porque se rechaza el uso del papel de aluminio. ¿Pero dónde queda esa cara de sorpresa del niño que espera con anhelo un sandwich de Nocilla? Y además, es una clara desventaja para los padres, que despiden a sus hijos con unos buenos días y con una mentira piadosa: «Tranquilo hijo, te gustará».

¿Es realmente necesario?

En el colegio, después de un par de horitas de clases llegaba aquel fabuloso momento en que ya se podía destapar el tarro de las esencias y apaciguar a la tripa, convertida en una fiera hambrienta y caprichosa. Era la hora del desayuno, del recreo. Guardabas los libros y te dirigías a la zona donde se colgaban las mochilas. La abrías y ahí estaba: ese envoltorio alumínico que escondía el bocadillo. ¡Qué de sorpresas nos deparaba ese momento!

Sobre todo cuando desconocías de qué estaba hecho. Esperabas que fuera de Nocilla y rompías el papel con anhelo, con la lengua fuera y con una ilusión tremenda. A veces tus expectativas se cumplían. Otras en cambio, el castillo de naipes que habías imaginado se desvanecía al encontrar una loncha de jamón achuchada por dos rebanadas más flácidas que turgentes.

Pues bueno, eso se acabó con el nuevo invento de Lekue. De la funda para el móvil hemos pasado a la funda para el bocadillo. Sí sí, como lo oyen. Están hechas de silicona Platino, tienen varias medidas (ajustables, por supuesto), son traslúcidas y se presentan en cuatro colores: verde, azul, amarillo y magenta.

Viendo la imagen, me recuerdan a aquellas cubiertas elásticas que se inventaron para proteger el mando de la tele. Lo primero que hice al tener una fue comprobar si, tal y como decían en los anuncios, rebotaba. Era un juego muy fácil, consistía en coger el aparato, revestirlo y dejarlo caer desde una cierta altura.

Al menos, tenía su gracia. Y por más vueltas que le doy, no se la encuentro a la funda para bocadillos. Es más ecológica, pero se pierde el factor sorpresa. Por no hablar de la desventaja que genera a los padres. Con el papel de plata de toda la vida podían darte los buenos días y también una mentira piadosa, con tal de no oírte. “Tranquilo hijo, te gustará”.

No me acaba de seducir la idea, y por eso, voy a proponerles algo. Conviértanla en objeto de deseo. Piensen sobretodo en los más finos, los que detestan el aceitoso tacto del sándwich matutino. Háblenles al oído: “lleva un bañado de oro blanco, incrustaciones de diamantes, está hecha a mano y el logotipo del fabricante está cosido con hilo de platino”. Y por qué no, creen un modelo customizable, como los teléfonos móviles de Vertu que tango gustan a las celebrities.

Yo, en cambio, prefiero mancharme las manos. Y les diré más. He leído en La Vanguardia una entrevista que le han hecho a Rosa Llamas, profesora de marketing en la Universidad de León y colaboradora en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Afirma que el lujo se ha vuelto “existencialy que lo valioso hoy en día son las buenas vivencias, que nunca podrán substituirse por la materialidad de los objetos. ¡Y qué lo diga! Yo seguiré tirando del aluminio, salibando y con el corazón en un puño.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...