Impuestos de los coches de lujo ¿deberían estar por las nubes?

Argentina pretende colocar a los vehículos “de lujo” un impuesto del 50% sobre el valor, y aprovechamos a preguntarnos si es justo un gravamen similar para los coches más VIPs

coches de lujo

Aunque estos días hemos hablado de coches de lujo, o mejor dicho, de ediciones limitadas y lujosas de coches clásicos de nuestros días, hoy vamos a seguir con el mundo del motor, pero desde otro punto de vista. Y es que es muy probable que ya sepas que en Argentina se pretende gravar a los vehículos más costosos con un llamado impuesto de lujo, que supondrá que su carga fiscal sea casi la misma que la que tiene por ejemplo el tabaco. Y aunque la polémica está servida en el destino latinoamericano, lo cierto es que no es la primera vez que se plantea en el mundo aplicar a los bienes más exclusivos algún tipo de impuesto especial que permita recaudar dinero en la base de que no es algo extremadamente necesario, sino más bien un puro capricho.

Y aunque probablemente en el caso argentino hablemos más de una medida literalmente populista, porque tal y como está planteada afecta a muchos vehículos que están lejos de ser considerados lujosos en sí mismos, y que son en realidad modelos que en España conocemos como del gran mercado, la pregunta que queremos hacernos hoy es si los impuestos de los coches de lujo ¿deberían estar por las nubes? Es decir, si realmente es justo que los que pretenden hacerse con este tipo de bien paguen mucho más en concepto de gravámenes públicos que el resto de usuarios que compran un bien con el mismo fin pero que no tiene esa categoría con la que poder presumir de cochazo.

Bajo mi punto de vista, en momentos de crisis como la actual, en la sociedad estaría más que justificado un impuesto de ese tipo. El problema es que en realidad su poder de recaudación sería muy bajo, al menos al colocarlo como un impuesto indirecto como el IVA. Otra cosa son medidas como la italiana, que grava a los vehículos de gran cilindrada en cuanto al impuesto de circulación. Con ese tipo de gravamen se justifica además que su potencia genera mayor desgaste y contaminación que la de los vehículos habituales, y de ese modo el Estado se asegura de que todos los que residan en el país pasen por caja. De todos modos, aunque depende cómo se articule es más o menos justo, el interés gubernamental por imponerlo es casi nulo en prácticamente todo el mundo.

Vía: La Nación

Imagen: jl.cernadas

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