Lo que debes saber sobre la lactancia materna: mitos y verdades

Si estás en estado o acabas de dar a luz, es recomendable que indagues sobre los beneficios de la lactancia. ¿Desde cuándo? ¿Qué aporta? ¿En qué momento? Toda la información está aquí.

Lactancia materna, un acto de amor que debe ser reivindicado

El mercado está lleno de complementos para la alimentación de los bebés, pero incluso aquellos que aparecen como sustitutos de la leche materna, no proporcionan los mismos beneficios. No es por simple capricho que tanto médicos como organismos internacionales defiendan la lactancia. A través de ella, se aportan los nutrientes esenciales para el sano desarrollo del pequeño, se le protege de enfermedades gastrointestinales y se previene el surgimiento de patologías asociadas con el colesterol, la obesidad y la presión arterial.

Más allá de eso, la Organización Mundial de la Salud estima que 820.000 muertes al año podrían evitarse si se implementa la lactancia materna una hora después del nacimiento, se mantiene de forma exclusiva durante los seis primeros meses de vida y se prolonga hasta los dos años con el acompañamiento de productos complementarios.

Pediatras y responsables de unidades de cuidados intensivos han coincidido al catalogar la lactancia materna como un derecho inalienable de bebés y madres, basados en los componentes únicos y diferenciales de la leche materna, su acción en los bebés prematuros y las ventajas que en materia afectiva tiene sobre los involucrados. Y se dice involucrados, porque además del niño y la madre, en este acto tiene vital importancia el apoyo del padre, especialmente en los partos precoces, cuando las condiciones físicas no son las más propicias para dar el pecho, pero donde sí es una prioridad.

¿Por qué amamantar a un bebé prematuro? Cuando la madre tiene a su pequeño antes de tiempo su cuerpo produce la llamada leche pretérmino, que contiene la concentración de proteínas, lactoferrina e inmunoglobulinas requeridas para la formación del bebé. De ahí la recomendación de los especialistas de no sustituir esta leche.

La leche materna: el alimento adecuado

Los primeros cinco días después del parto, la madre no produce grandes cantidades de leche, erróneamente se cree que no se genera lo necesario para alimentar al bebé e incluso se abandona el deseo de amamantar, pero solo es cuestión de informarse. La leche que “emana” en esa fase se denomina calostro, su consistencia es espesa y aunque su secreción es mínima es suficiente para nutrir al recién nacido. Además, es la porción exacta de líquido que pueden filtrar sus riñones.

Esa leche es rica en grasa, lactosa, proteína, vitaminas liposolubles A, K, E, carotenos, sodio, zinc y otros minerales, así como de lactoferrina, inmunoglobulinas, linfocitos y macrófagos. Estos últimos sirven de escudo contra las bacterias, virus y parásitos. El calostro estimula las primeras heces del infante y la eliminación del meconio, una sustancia viscosa de color verde o negro, conformada por células muertas y secreciones del estómago e hígado.

La leche materna está compuesta por 88% de agua, que mantiene al niño bien hidratado; 70% de sus proteínas son de suero y el 30% restante es caseína. Provee de hormonas como la oxitocina, prolactina e insulina, así como de nucleótidos que favorecen la piel y los nervios. Difícilmente todo eso se puede obtener en una fórmula comercial.

Lactar, además de procurar un niño completamente sano, facilita a la madre perder esos kilos de más ganados durante el embarazo, disminuye los riesgos de sufrir anemia, hipertensión y depresión tras el parto; previene enfermedades como la osteoporosis, el cáncer de mama y de ovario. Más allá, amamantar supone un ahorro enorme en energía y en la compra de alimentos y medicamentos para la familia.

Adiós a los mitos de la leche materna

Algunas madres temen que su leche no alimente lo necesario al bebé por ser acuosa. El secreto es dejar que el niño succione. A medida que lo hace, la leche saldrá más espesa y con más grasa que le saciará. Justamente él chupará hasta que sienta saturación y volverá a demandar el pecho al sentir hambre. No habrá horario determinado para ello, ni restricciones médicas. El niño debe comer cuantas veces lo requiera y a la hora que sea, total el pecho siempre tendrá una reserva para él. Comer a todas horas no dañará su estómago, por el contrario, restringir el alimento sí puede generarle irritabilidad.

La madre no tiene que consumir leche ni ningún otro alimento para recargar su pecho, solo bastará con que se nutra sanamente durante el período de lactancia para que eso suceda.

Otra cosa, ni la menstruación, ni el estrés, ni un resfriado deben cortar el proceso de lactancia materna. La leche estará allí siempre que haya estimulación y después de vaciar las mamas. En el caso del resfriado, solo hay que tomar algunas medidas preventivas como cubrir nariz y boca y lavar bien las manos antes de lactar.

¿Hasta cuándo amamantar? Se reitera, la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Española de Pediatría recomiendan la leche materna de forma exclusiva hasta los seis meses, alternada con otros alimentos hasta los dos años.

No hay excusas que valgan. Tener los pechos pequeños o los pezones planos no impedirán la tarea. Ni siquiera el hecho de volver a quedar embarazada. Y si notas que el bebé no engorda tanto como esperabas tampoco te desesperes. Cada uno tiene su patrón de crecimiento y mientras el médico lo avale, no se tiene que interrumpir la lactancia por falsas percepciones.

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