Maternidad sin pareja

Hacer frente a la decisión de ser madre sin pareja no es fácil, ni tampoco llevarla luego a cabo. Pero sí es posible, tanto técnica, como psicológica y humanamente. Muchas circunstancias pueden llevar a la mujer a tomar una opción tan importante.

Maternidad monoparental

Cuando se habla de maternidad sin pareja se puede uno referir a una elección personal para ser madre sin pareja recurriendo a las técnicas de reproducción asistida que hoy en día existen o al desafío al que algunas mujeres tienen que enfrentarse, por circunstancias de la vida, de sacar adelante un embarazo y una maternidad sin tener pareja.

En la mayoría de los casos se trata de una decisión tomada desde el principio por la mujer, pero las futuras madres se pueden encontrar en una situación complicada, llena de muchas dudas y temores, que no pueden soslayar: “mi bebé nacerá sin padre”. A continuación, se tratará más en profundidad la maternidad sin pareja y como afrontarla, algo que cada vez es más común en nuestra sociedad.

Maternidad en solitario por elección personal

Los cambios sociales, sobretodo en el mundo laboral, han provocado que en los últimos años muchas mujeres lleguen al final de su edad reproductiva sin una pareja lo suficientemente estable como para afrontar el compromiso conjunto tan importante de tener descendencia.

Los muchos conflictos que se viven actualmente provocados por la rotura de parejas con hijos, están propiciando también la determinación, por parte de la mujer, de llevar adelante la maternidad sin ningún varón que tenga derechos ni obligaciones sobre sus hijos. Añadido a la mayor tolerancia y aceptación de la sociedad actual con este tipo de planteamientos sobre la maternidad.

La mayoría de madres solteras por elección recurren a las técnicas de reproducción asistida con altas tasas de éxito en la realización de los tratamientos para obtener el embarazo. Pueden elegir entre técnicas de inseminación o de fertilización in vitro. Las circunstancias especiales de cada caso (emocionales, económicas, laborales) hacen que se decanten por una u otra técnica de reproducción asistida para quedarse embarazada.

Para aplicar la técnica de inseminación artificial con semen de donante (IAD) es preciso realizar una ecografía que valore si es normal la reserva ovárica. Si el resultado es positivo, se realiza la inseminación tras un proceso de estimulación ovárica controlada muy suave, dado que es prioritario evitar el embarazo múltiple, no sólo por cuestiones médicas, sino también por los condicionamientos laborales y sociales que conlleva el tener que atender a dos o más recién nacidos por una mujer sola. Tras confirmar el adecuado desarrollo del folículo ovárico dominante, se induce la ovulación con gonadotropina coriónica humana recombinante (hCG), realizando una única inseminación alrededor de las 36 horas después.

En la técnica de fecundación in vitro (FIV) se utilizan diferentes pautas de estimulación dependiendo de la edad de la mujer, la reserva ovárica, la respuesta a estimulaciones previas y el índice de masa corporal. Los protocolos de estimulación son suaves, con dosis ajustadas, con el objetivo de obtener ovocitos de mejor calidad y transferir un único embrión (SET) y así evitar embarazos múltiples. Se finaliza este método con la punción folicular programada 36 horas tras la administración de hCG.

Otra técnica aplicada es la embrioadopción y suele ser la opción preferida para las mujeres que tienen que recurrir a ovocitos donados; dado que el embrión ya se generó en su momento, el coste médico y económico que supone esta técnica es mucho menor. Para este método se necesita obligatoriamente la compatibilidad sanguínea del Grupo y Rh del embrión y de la madre.

Todavía existe otra posible técnica de reproducción asistida, la ovodonación que se realiza con sincronización donante/receptora y con ovocito fresco. Las donantes, son estimuladas con un protocolo específico y ajustando la dosis en función de varios factores. Al mismo tiempo se coordina la preparación endometrial de la receptora en ciclo natural o sustitutivo.

Otras razones que llevan a decidirse por la maternidad en solitario

Hay otras circunstancias que pueden hacer que una mujer tenga que enfrentarse a un embarazo no previsto o previsto pero no en las condiciones que de pronto se producen. Las situaciones pueden ir desde la sorpresa inesperada tras un desliz con un amigo o con una pareja no estable, a las más dramáticas provocadas porque la enfermedad o muerte de la pareja. Cualquiera de estas hacen imposible al padre participar en la maternidad prevista y es, por tanto, la madre la que se encarga de todo el proceso de maternidad.

Pero entre los motivos más comunes para una maternidad en solitario se encuentra la ruptura de la pareja ante un embarazo inesperado que puede causar que el padre no quiera aceptar la responsabilidad que conlleva. También se puede dar el fin de la relación, por cualquier otra causa, pero precisamente durante el embarazo.

En la mayoría de estos casos, las mujeres son conscientes de que es casi imposible contar con esa persona que ejerza como futuro padre, y que la probabilidad de un futuro común es mínima. A pesar de las expectativas, que al principio pueden parecer insuperables, la mayoría de las mujeres ante este tipo de situaciones decide seguir adelante con el embarazo y traer a su bebé al mundo.

Muchas preguntas en el aire

En cualquiera de los supuestos expuestos anteriormente, la mujer toma la opción de afrontar sola la maternidad, después de un duro proceso de reflexión. No es una decisión fácil y requiere desde un primer momento de apoyo y comprensión por parte de su círculo más íntimo.

Todas tienen en común muchas inquietudes y preguntas sin clara respuesta: ¿Cómo se lo tomarán la familia y los amigos? ¿Quién me ayudará si surgen complicaciones durante el embarazo y quién me acompañará durante el parto? ¿Podré costeármelo? ¿Con quién viviré mis penas y emociones? ¿Con quién compartiré la alegría de ser madre?. Y las más acuciantes: ¿Sabré y podré llevar adelante el cometido de ser madre? ¿La falta de padre causará algún tipo de carencia afectiva o emocional en mi hijo, que pueda condicionar luego su posterior desarrollo? ¿No estaré corriendo el riesgo de convertir en objeto de apetencia propia, al ser autónomo que nace con dignidad personal?

Es importante buscar ayuda y asesoramiento a tiempo para aclarar esos temores, si los hay, y cuanto antes. El hecho de no tener pareja no significa estar sola para sobrellevar adelante la maternidad. Un buen amigo o un familiar cercano podría resultar de gran ayuda y apoyar emocionalmente o echar una mano en momentos precisos.

Puedes seguir una terapia psicológica a través de un profesional durante todo el embarazo y el post-parto, bien en grupo o individual. También tienes la posibilidad de contactar con una asociación de mujeres y madres en tus mismas circunstancias. Obtendrás apoyo psicológico e información sobre los derechos de la madre soltera y de tu hijo en todos los aspectos: profesionales, jurídicos y culturales.

En cualquier caso hay algo que la mujer nunca puede olvidar, ni ella, ni nadie: una nueva criatura que cobra vida, independientemente de las circunstancias que hayan rodeado su nacimiento, supone siempre una inmensa alegría, alguien a quien es necesario brindarle todo el amor, cariño y atención que requiere. No tuvo la oportunidad de decidir venir al mundo, pero de su madre, y de todos los que le rodean, dependerá en gran medida que disfrute de un futuro saludable y feliz.

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