Ni guapas ni feas: mujeres del montón

Todas creemos ser únicas y, en parte, lo somos. Mujeres reales y auténticas definidas por rasgos estructurales y genéticos más o menos mejorables pero, sobre todo, nuestros. Y dentro de esta gama de singularidades encontramos un espécimen que poco o nada tiene que ver con la extinción: las personas que son del montón.

¿Quiénes son? Bueno para hacernos una idea del concepto visualicemos un castillo humano típico de Cataluña. Pues los del montón son aquellos que nunca salen en la foto, aquellos que conforman el castillo porque sin su presencia no habría estructura pero que, al no estar obligados a tener otra aptitud que estar ahí y sujetar, cualquier otro puede ocupar su puesto.

mujeres del montón

Las mujeres del montón son como los castellers invisibles: los de abajo.

Mirándolo desde este punto de vista ninguna desearía pertenecer a este grupo, sin embargo, yo me encuentro en la posición de autoproclamarme: chica del montón porque, desde un punto de vista optimista, mi clase se encuentra por encima de las arpías, feas, bocazas e incluso de aquellas con un coeficiente intelectual limitado. Porque soy del montón pero no estúpida, es sólo que uso mis capacidades para comprar el vestido que vi cuando era temporada por mucho menos en rebajas, colarme en la cola de la panadería, meter un melocotón de más en la bolsa del supermercado cuando ya la he pesado o quedarme con uno de los últimos asientos libres del autobús… Aunque más que inteligencia a esto deberíamos llamarle ingenio.

Soy del montón por lo que no soy ni guapa ni fea. De estatura media y con heridas en los talones gracias esos zapatos que me hacen medir más de lo que mis piernas permiten. No tengo un cuerpazo porque el único deporte que practico lo he denominado edredoning estilo libre o sofing, vamos el clásico de dormir o estar tirada en el sofá, y cuya práctica desmedida puede derivar a la conocida barriguita de la felicidad de los hombre y algunas mujeres. Pero pese a ello no soy fea, soy del montón, porque ligo tanto como lo haría una guapa y porque mantenerse en esa posición, mientras pasan los años y casi nunca en balde, tiene su mérito.

Pero se puede ser del montón alto o bajo. Yo soy del primero por aquello de que tengo una conversación fluida, una permanente sonrisa y humor mucho humor. Unos ingredientes que me distinguen dentro del montón de montones. Porque como se suele decir la belleza esta en el interior y yo soy bellísima por dentro, el problema es que no es una belleza visible no en un primer momento y siempre llega alguna otra antes con todas sus protuberancias que deslumbra a mi pequeño sótano interior antes de que yo muestre lo bonito y enriquecedor que puede llegar a ser.

En un mundo donde la primera exigencia es ser guapa, joven y elocuente yo digo: ¡Bienvenidas mujeres del montón!

Foto de 122

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...